Tomé el baño más largo que me había dado en mucho tiempo. El agua corría tibia por mi espalda, me enjaboné varias veces y jugueteé con la espuma entre mis manos, hasta que los dedos se me arrugaron un poco.
Entonces, supuse que era hora de salir. Me envolví en una esponjosa toalla negra, la anudé en mi pecho y con el cabello aun chorreando salí del baño. Definitivamente ya no tenía ropa limpia.
– ¿Destiny? – pregunté en medio del pasillo, deseando que me oyera.
Un segundo después estaba delante de mí, mirándome con el ceño fruncido.
Era una vampira realmente hermosa, eso había que admitirlo. Su cabello oscuro y corto estaba peinado con prolijidad, y sus ojos castaños me observaban con cierto desprecio. Su ropa no era para nada mi estilo. Encajes negros y blancos, vestidos holgados como los de una princesa gótica y un collar negro apretándole el cuello, con una piedra rojiza en el centro.
– No puedes llamarme como si fuese tu perro– me señaló bastante molesta– ¿Qué quieres? –
– Cornelius me dijo que te podía pedir algo de ropa prestada– dije rascándome la frente con cierta inseguridad.
– ¿Qué? – inquirió ella, mirándome como si acabara de decir algo realmente terrible– ¿Mi ropa? –
– Por favor... Lo que menos te guste... No tengo más ropa limpia y al parecer estaré aquí mucho tiempo–
– Pues eso depende de tu hermana– dijo ella con una sonrisa diabólica– está bien, tengo algo de ropa vieja y no muy cara– suspiró.
La seguí hasta su habitación. Su cuarto era un poco más pequeño que el de Gary y no tenía baño propio. Eso me resultó extraño, visto y considerando que parecía ser bastante pretenciosa. Su cama era igual a la mía, pero con sabanas aterciopeladas que daban ganas de cubrirse hasta la cabeza; y todo estaba repleto de pequeñas velas aromatizadas y rosas.
– Entonces– dijo abriendo el armario que se encontraba frente a la cama y dejando ver una hilera prolija de perchas repletas de atuendos.
Rebuscó entre los cajones un rato y me entregó algunas prendas de ropa interior. No tenían nada que ver conmigo. Yo solía usar cosas cómodas y algo deportivas, pero todo lo que ella tenía, parecía querer realzar cualquier atributo. Me entregó dos sostenes de encaje y las bragas a conjunto, junto con algunos pares de medias.
No era que me agradase usar ropa interior de alguien más... Pero, a decir verdad, no tenía más opción. Por otro lado, fue descolgando de las perchas algunos atuendos oscuros, que no parecían combinar con su estilo actual.
Una polera de lanilla negra, terriblemente suave y ajustada al cuerpo, una falda bastante corta y suelta que se abotonaba en la cintura, de color rojo oscuro, algunas remeras sin estampados, aburridas y básicas y uno jeans que no parecían tener mucho que ver con ella.
– No tengo nada más– dijo encogiéndose de hombros– largo–
– Espera...– dije mientras sostenía la pila de prendas que acababa de darme – ¿Puedo hacerte una pregunta? –
– Ya la hiciste y la respuesta en no, largo – dijo ella, abriendo la puerta para que me marchara.
Salí bastante cabreada y volví al baño. Me puse un sostén que elevaba mis pechos notablemente y los hacía parecer aún más grandes de lo que eran. Mi cuerpo era como el de una abeja, una cintura pequeña, unas caderas redondeadas, pero no muy anchas y mis piernas eran algo atléticas, por lo mucho que entrenaba. Me vestí con la polera de Destiny y los jeans que me había prestado. Me quedaban ajustados a pesar de que ella debía tener uno o dos talles más que yo.
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Luna de Sangre
VampirosApril Fontaine estuvo siempre segura de que los vampiros eran monstruos horribles. Cedric Leblanc siempre pensó que los humanos solo eran un alimento. Pero obligados a convivir... ¿Pueden cambiar sus prejuicios?
