La canción es la que Cedric va a tocar, recomiendo que la escuchen cuando él se acerca al piano!
* * *
Bajamos hasta el sótano en silencio, allí donde me habían encerrado el primer día que me llevaron a la mansión.
Cedric encendió la luz, tirando de la cadenita junto a la puerta y bajamos los escalones empolvados.
– Aquí guardamos todas sus cosas– me dijo hundiendo las manos en los bolsillos.
Miré a mi alrededor, allí estaba el cuadro de la mujer que ya había visto.
– Es ella ¿No? – le pregunté poniéndome en cuclillas frente al gran retrato y él asintió con la cabeza.
– Te le pareces mucho, ambos se parecen a ella– dije con una sonrisa genuina.
– Si, bueno, tenemos sus ojos y... –
– Su nariz– dije mirándolo y él se la tocó como acto reflejo.
– Sí– asentó apartando la vista.
– ¿Cómo era ella? – le pregunté sabiendo que tal vez solo recibiría una respuesta hostil de su parte.
– No creo que saberlo te sirva para ayudar a mi hermano– dijo acercándose a una pequeña cajonera y pasando un dedo sobre la superficie para quitarle el polvo.
– Es verdad. No necesita que yo lo sepa, pero necesita que alguien hable sobre ella como si su nombre no fuera un tabú– dije volviéndome a poner de pie y mirándolo– ¿Tú puedes hablar de ella? –
– Claro que puedo– asintió él, encogiéndose de hombros para restarle importancia.
– Bien, entonces buscaré solo algo que... Pueda hacerlo sentir bien recordándola– dije mientras paseaba la vista sobre cada objeto del sótano.
No había cosas que pareciesen especialmente importantes. Algunos cuadros, muebles antiguos... Y un bulto bastante grande cubierto por una sábana.
– ¿Qué es esto? – le pregunté mientras tomaba la punta de la tela para descubrir qué había debajo.
– ¡Espera! – dijo estirando rápidamente su mano y tomando la mía para detenerme– eso no... – sus ojos se cruzaron con los míos y no los aparté, le sostuve la mirada mientras sentía su mano suave apretando la mía– bien, adelante– suspiró.
Me soltó la mano y tiré de la sabana para descubrir que debajo de ella había un hermoso piano de cola, color negro brillante.
– ¡Wow! – no pude evitar exclamar– ¡Es enorme y muy elegante! –
– Sí, era suyo– asintió él.
Cuando volví a mirarlo noté que no estaba allí. Su cuerpo estaba frente al piano, pero su mente estaba sumida en miles de recuerdos que yo desconocía. Rodeó el piano con calma, acariciando primero la madera lisa del instrumento, y luego deslizándolo sobre cada una de las teclas. Tenía una sonrisa melancólica en el rostro y el cabello le caía un poco sobre los ojos. Si hubiese tenido una cámara ese habría sido un buen momento para inmortalizar.
Cedric se sentó frente a él y cerró los ojos. ¿Qué estaría recordando?
– Había una canción que tocábamos juntos...– dijo frunciendo un poco el ceño, seguramente tratando de hacer memoria.
Posicionó los dedos sobre las teclas y sin más, comenzó a tocar. Era una melodía suave y delicada, como los pétalos de una rosa cayendo lentamente al suelo. Las notas sonaban como gotas de llovizna, tintineado sobre las superficies.
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Luna de Sangre
VampireApril Fontaine estuvo siempre segura de que los vampiros eran monstruos horribles. Cedric Leblanc siempre pensó que los humanos solo eran un alimento. Pero obligados a convivir... ¿Pueden cambiar sus prejuicios?
