¡Dejo esta canción para la escena donde comienza el baile!
Cuando los vampiros comenzaron a llegar, un escalofrío corrió por mi espalda.
Ya los había visto, ya los había conocido, sabía que no eran tan aterradores como me los habían descrito; pero ser una humana desarmada dentro de una mansión llena de centenares de vampiros seguía siendo terrorífico.
Los vampiros llegaban en grupo, seguramente divididos según la casa a la que pertenecían. Las mujeres usaban vestidos largos hasta el suelo, que incluso cubrían sus zapatos. Se veían una más majestuosa que la otra. Dejaban su piel pálida al descubierto con escotes pronunciados, cuellos desnudos y cabello recogido o rizado, cayendo en cascada con delicadeza.
Yo estaba de pie junto a Cornelius, que parecía muy tranquilo, con una copa de champán burbujeante entre los dedos.
Cada grupo que entraba se acercaba para saludarlo, y ni siquiera parecían percatarse de mi presencia.
Antes de que comenzara el baile me habían pedido que me pusiera un sencillo vestido azul oscuro, de terciopelo, que se ceñía a mi cintura y luego caía, suelto, unos centímetros por encima de las rodillas. Se suponía que el azul era el color de la familia Leblanc y al ser su donante, debía usarlo.
De fondo sonaba un piano con una melodía tranquila y elegante, como toda aquella fiesta. Nadie bailaba, solo bebían, se reían de vez en cuando, cubriéndose los labios con la mano o susurraban mientras miraban a otros con indiscreción.
– Necesito que te quedes aquí un momento. Iré a presentar a los vampiros nuevos– me pidió Cornelius y asentí.
El vampiro se marchó, acercándose al pie de la escalera. Allí, Peter le extendió un sobre bastante grueso y él lo abrió con cuidado. Dio unos pequeños golpes a un micrófono, como si todos los que estaban allí no tuviesen un oído todopoderoso para oírlo, aunque hablara en voz baja y comenzó:
– Bienvenidos a estos tres días de festejo en los que celebramos a los nuevos miembros de la comunidad vampírica. Es un honor poder recibirlos en mi morada y espero que se sientan muy cómodos– todos lo aplaudieron por su maravillosa hospitalidad.
Puse lo ojos en blanco, odiaba que todo fuera tan protocolar y aburrido. ¿No podían dejar de hablar y simplemente bailar o tomar champán? La respuesta fue un rotundo "no".
Cornelius comenzó a llamar uno por uno a todos los vampiros nuevos. A medida que oían su nombre, bajaban las anchas escaleras de la mansión, que habían sido cubiertas por un tapete color rojo fuego.
– Son tan pretenciosos– oí una voz a mis espaldas.
Daniel estaba detrás de mí. Tenía el cabello rubio algo alborotado, cara de fastidio y estaba vestido con un traje blanco y una corbata color vino.
– Qué elegante, pareces un muñeco de torta– le dije con una mueca.
– Gracias April, tú te ves bien...– suspiró– Por cierto, gracias por decirle a Cedric que quería ofrecerme como donante para el evento... La familia de Destiny, los Briand, estuvieron muy felices de arrastrarme hasta aquí–
– Pues algo tenía que decir, lo siento– dije mientras él tomaba de la bandeja de uno de los mozos, dos copas de champán rosado.
– ¿Quieres? – me tendió una.
– Realmente... Aún tengo resaca, mejor que no– dije sintiendo nauseas con solo oler el alcohol.
– Bien, más para mí– sonrió dándole un sorbo a su copa– necesitaré varias para cuando tenga que ser el aperitivo de todos los Briand–
ESTÁS LEYENDO
Luna de Sangre
VampirosApril Fontaine estuvo siempre segura de que los vampiros eran monstruos horribles. Cedric Leblanc siempre pensó que los humanos solo eran un alimento. Pero obligados a convivir... ¿Pueden cambiar sus prejuicios?
