Capítulo Treintaiuno

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Tardé dos días en tomar suficiente coraje como para volver a aparecer. Solo había salido de mi habitación para ir al baño más cercano y ni siquiera había comido.

Sin embargo, al tercer día el estómago me gruñía, tenía hambre y sed. Además, había llegado a la conclusión, de que, si lograba explicarme, tal vez Cedric podría entender un poco más mis motivos, aunque esos no fueran una justificación para intoxicarlos a todos.

Salí de mi habitación casi sin hacer ruido y bajé. Me metí en la cocina; Peter no estaba, así que tomé un paquete de fideos, corté algunas verduras y me hice un salteado lo suficientemente abundante para compensar mis días de ayuno.

– Qué lástima, pensé que morirías de hambre y podría beber la sangre de tu cadáver– dijo Gary, apareciendo en la cocina junto con el gato de Cedric.

Le sonreí de lado, sin saber muy bien qué se suponía que debía hacer. ¿Postrarme y rogar perdón o tratarlo como de costumbre? Decidí ir por la segunda opción y simplemente seguí revolviendo los fideos para que no se pegaran.

– Necesito que comas rápido, habíamos quedado en que ibas a ayudarme– continuó él – y ya te escaqueaste dos días–

– ¿No estás enojado conmigo? – le pregunté parpadeando como una tonta.

– A ver...– Gary se tomó la barbilla como si tuviese que pensárselo– envenenaste a toda mi familia, pero... ¿Quién no quiere matar de vez en cuando? –

No sabía que decir... ¿Debía alegrarme porque el niño psicópata sintiese empatía por mí?

– Además– continuó– nosotros te secuestramos. Es normal que hayas intentado hacer algo, lo raro sería que te hubieses adaptado a la perfección y que todos fuésemos amigos ¿No? –

Asentí, sintiendo el pecho un poco más liviano. Colé los fideos, los salteé y los serví en un plato bastante grande. Le ofrecí, pero se limitó a tomar una bolsa se sangre de la heladera y se sentó en un taburete en frente de mí.

– ¿Qué sientes cuando bebes sangre? – le pregunté.

– ¿Hablar me ayudará a ser un buen vampiro? – me preguntó, mientras yo engullía una enorme cantidad de fideos.

– Tal vez sí– asentí – así que adelante, habla conmigo– lo incité sacudiendo una mano.

– Bueno, cuando bebo sangre... No lo sé, es tan buena que siento que no puedo parar–

– ¿Que no puedes o que no quieres? – le pregunté.

– Ambas– dijo él luego de pensárselo unos segundos– no lo sé... Cuando estoy bebiendo puedo pensar solo en eso, en el sabor, en el aroma... Y todo me gusta–

– ¿Qué otras cosas te gustan? – le pregunté mientras pinchaba un trozo de zanahoria.

– Nada– se encogió de hombros – bueno sí: matar, torturar animales, personas...–

– Bien, hagamos como que no te gusta nada– lo interrumpí– ¿El día de tu cumpleaños disfrutaste jugar fútbol? – le pregunté, estudiándolo con cierto disimulo.

– Sí, me gustó... Aunque esa chica estaba todo el tiempo pegada a mí–

– Sí, bueno... Es un poco pesada– le sonreí– sabes, creo que... Necesitas hacer más cosas que te gusten, probar cosas nuevas...Es una buena forma de distraerte–

– Pero los otros vampiros tienen la misma educación que yo... ¿Por qué ellos no necesitan jugar fútbol? O no lo sé... ¿Qué les festejen un cumpleaños? – dijo arrugando la frente y mirándome con intensidad.

Luna de SangreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora