Capítulo Treintaicuatro

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Godric cayó de espaldas contra el suelo y Cedric, se abalanzó sobre él. Comenzó a descargarle un puñetazo detrás del otro, mientras yo los miraba con una bolsa de palomitas imaginaria.

– ¿Qué sucede? – Cornelius acababa de aparecer a mi lado y los miraba a ambos con los ojos muy abiertos.

– No lo sé– me encogí de hombros– ¿Cuándo Cedric termine con Godric le digo que lo deje en su habitación? – pregunté sarcástica, recordando lo que él había dicho al verme seminconsciente en el pasillo.

Cornelius me lanzó una mirada amenazante a la que no le presté atención y comencé a bajar las escaleras lentamente.

Godric se había quitado a Cedric de encima y ambos se observaban cogiendo aire y decidiendo quien sería el primero en atacar.

– ¡Suelta esa mierda Cedric! – le gritó Godric señalando la estaca improvisada.

– ¡No! ¡Voy a matarte! – Cedric volvió a lanzarse sobre él con la estaca en alto.

Estaba segura de que llegado el momento no lo haría, después de todo eran amigos y yo la traidora.

– ¡Siempre hay que soportar a las humanas que te gustan! – le soltó Godric luego de recibir un puñetazo en la mandíbula- ¡No puedo comer si las tienes marcadas a todas! –

¿A todas? Interesante...

– Bueno ya dejen de pelear– les dije a ambos.

Godric tomó a Cedric de la remera y lo estampó contra la pared. Sin embargo, el otro vampiro le dio un rodillazo en el estómago, haciéndolo tambalearse hacia atrás. Cedric aprovechó ese momento para cogerlo del cuello y lanzarlo a metros de distancia. Godric cayó sobre uno de los sillones, tumbándolo con un estruendo y entonces el otro vampiro volvió a acercarse, levantando la estaca en alto.

– ¡Voy a matarte! – dijo casi escupiendo las palabras.

Suficiente. Corrí hasta donde estaban y tomé la estaca de entre las manos de Cedric.

– ¿Qué haces? – me gritó él, forcejeando conmigo.

– ¡Suéltala! ¡Ya está! – exclamé yo, tirando de la estaca con las dos manos.

Godric aprovechó aquello para darle un puñetazo en la cara a Cedric. La sangre comenzó a gotear por su nariz. Sus ojos comenzaban a ponerse rojos de sed y de furia y yo me daba cuenta de que estaban yendo demasiado lejos.

– April, suéltala, ¡Voy a matar a este hijo de puta! –

– ¡No! – exclamé frunciendo el ceño– ¡Dejen de portarse como idiotas! –

– ¡Estoy tratando de defenderte! – exclamó Cedric mientras se cubría la nariz con una mano, tratando de detener la hemorragia.

– ¡No necesito que me defiendas! ¡Y no soy tu perra! –

Cedric soltó la estaca y yo con la poca fuerza que me quedaba, doblé la pierna y con ella rompí la madera en dos.

Ambos se quedaron viéndome como si me hubiese transformado en alguien totalmente nuevo. ¿Qué esperaban? No podía lidiar con la fuerza de un vampiro, pero no iba a dejar que Cedric me defendiera como si fuera una damisela en peligro.

Avancé con el ceño fruncido hasta Godric y lo miré con los ojos destellando rabia.

– Me dejaste casi muerta en mi habitación– le dije señalándole el pecho con el índice– si vuelves a hacer algo así voy tallar una estaca con mis dientes y te voy a empalar con ella– tomé coraje, y ante las miradas sorprendidas de los presentes le di un puñetazo en la mejilla.

Luna de SangreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora