Capítulo Veintiseis

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Cuando me desperté estaba sola. Sentía el estómago vacío y me gruñía. Salí de la habitación de huéspedes, abrí una puerta, segura de encontrar el baño y allí estaba.

Me lavé la cara e intenté pensar que había sido una estúpida durante la noche. Necesitaba con todo mi ser, que todo aquello terminara de una vez.

Bajé a la sala y el aroma a tostadas y café me envolvió. Era de noche, pero ese perfume me recordaba los desayunos en mi casa, cuando mi madre se despertaba antes de hora y preparaba todo aquello junto con un exprimido.

– ¡Buenos días! – me saludó Fausto entregándome una taza, mientras sonreía– parece que te adaptas bien a las costumbres de los vampiros. Dormiste muchas horas–

– Sí, me estuve acostumbrando a eso...– dije sin poder evitar mirar fijamente la tostadora.

– Ya salen– se rio mientras bebía un trago de su taza color verde– son las siete y media, así que pensé que estaría bien que merendáramos algo–

– ¿Puedo quedarme aquí? – bromeé– hace mucho que no hago más de una comida al día–

– Se nota, eres un palillo– los panes saltaron en la tostadora.

Fausto los tomó y los metió en un plato. Luego tomó queso crema de la heladera y ambos nos sentamos a comer en el sillón.

– ¿Dónde están? – le pregunté con la boca llena.

– Fueron a "cazar" como dicen ellos. Así que mientras tanto... ¿Por qué no te leo las cartas? –

– –¿Por qué mejor no seguimos buscando el hechizo? – respondí con una sonrisa tirante.

– Vamos, solo será hasta que regresen–

– Bien– suspiré– Siempre pensé que era mentira todo eso de las cartas–

– Generalmente lo es, pero yo soy un brujo. Puedes confiar en mí– Fausto metió la mano en el bolsillo de su campera, se colocó delante de mí en el suelo y yo me puse a su altura– voy a mezclarlas para que veas que no hay trampa–

– Muy bien– aquello me daba algo de gracia.

– Veamos...– extendió el mazo delante de mí, de revés para que no pudiera ver los dibujos– escoge tres–

Tomé tres cartas del medio. Él guardó el resto y dio vuelta las que había elegido.

– Interesante...– dijo mirando las cartas con un extraño brillo en los ojos.

Yo las miré, claramente no entendía nada, pero parecían todas muy normales.

– ¿Voy a morir mañana? – le pregunté arrugando la frente.

– No, tranquila– se rio– todas tus cartas sin embargo... Tienen una particularidad– deslizó los dedos sobre ellas y luego tomó la primera y me la tendió.

La carta tenía dibujado un minotauro, sus patas eran peludas y negras y su pecho extremadamente musculoso.

– ¿Qué es esto? –

– El minotauro representa dos mitades, una criatura mitad monstruo mitad humano... Puede que te encuentres con este tipo de criaturas o que ya te hayas encontrado–

– ¿No se supone que ves el futuro? – le pregunté mientras le devolvía la carta.

– Es confusa en ti- dijo él rascándose la barbilla– pero sí, debe ser a futuro... Las cartas no hablan del pasado– me tendió la otra– esta es el día y la noche–

Luna de SangreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora