Cuando me desperté estaba sola. Sentía el estómago vacío y me gruñía. Salí de la habitación de huéspedes, abrí una puerta, segura de encontrar el baño y allí estaba.
Me lavé la cara e intenté pensar que había sido una estúpida durante la noche. Necesitaba con todo mi ser, que todo aquello terminara de una vez.
Bajé a la sala y el aroma a tostadas y café me envolvió. Era de noche, pero ese perfume me recordaba los desayunos en mi casa, cuando mi madre se despertaba antes de hora y preparaba todo aquello junto con un exprimido.
– ¡Buenos días! – me saludó Fausto entregándome una taza, mientras sonreía– parece que te adaptas bien a las costumbres de los vampiros. Dormiste muchas horas–
– Sí, me estuve acostumbrando a eso...– dije sin poder evitar mirar fijamente la tostadora.
– Ya salen– se rio mientras bebía un trago de su taza color verde– son las siete y media, así que pensé que estaría bien que merendáramos algo–
– ¿Puedo quedarme aquí? – bromeé– hace mucho que no hago más de una comida al día–
– Se nota, eres un palillo– los panes saltaron en la tostadora.
Fausto los tomó y los metió en un plato. Luego tomó queso crema de la heladera y ambos nos sentamos a comer en el sillón.
– ¿Dónde están? – le pregunté con la boca llena.
– Fueron a "cazar" como dicen ellos. Así que mientras tanto... ¿Por qué no te leo las cartas? –
– –¿Por qué mejor no seguimos buscando el hechizo? – respondí con una sonrisa tirante.
– Vamos, solo será hasta que regresen–
– Bien– suspiré– Siempre pensé que era mentira todo eso de las cartas–
– Generalmente lo es, pero yo soy un brujo. Puedes confiar en mí– Fausto metió la mano en el bolsillo de su campera, se colocó delante de mí en el suelo y yo me puse a su altura– voy a mezclarlas para que veas que no hay trampa–
– Muy bien– aquello me daba algo de gracia.
– Veamos...– extendió el mazo delante de mí, de revés para que no pudiera ver los dibujos– escoge tres–
Tomé tres cartas del medio. Él guardó el resto y dio vuelta las que había elegido.
– Interesante...– dijo mirando las cartas con un extraño brillo en los ojos.
Yo las miré, claramente no entendía nada, pero parecían todas muy normales.
– ¿Voy a morir mañana? – le pregunté arrugando la frente.
– No, tranquila– se rio– todas tus cartas sin embargo... Tienen una particularidad– deslizó los dedos sobre ellas y luego tomó la primera y me la tendió.
La carta tenía dibujado un minotauro, sus patas eran peludas y negras y su pecho extremadamente musculoso.
– ¿Qué es esto? –
– El minotauro representa dos mitades, una criatura mitad monstruo mitad humano... Puede que te encuentres con este tipo de criaturas o que ya te hayas encontrado–
– ¿No se supone que ves el futuro? – le pregunté mientras le devolvía la carta.
– Es confusa en ti- dijo él rascándose la barbilla– pero sí, debe ser a futuro... Las cartas no hablan del pasado– me tendió la otra– esta es el día y la noche–
ESTÁS LEYENDO
Luna de Sangre
VampirosApril Fontaine estuvo siempre segura de que los vampiros eran monstruos horribles. Cedric Leblanc siempre pensó que los humanos solo eran un alimento. Pero obligados a convivir... ¿Pueden cambiar sus prejuicios?
