Mireia se removía frenética sobre la superficie blanda de su cama, con el pulso acelerado y el sudor perlando su frente, aún sin presenciar calor a mediados de septiembre en la gran ciudad de New Jersey.
Un gritó desolador, lastimero brotó desde sus entrañas, erizando los vellos de cualquier persona que se encontrará cerca de esa habitación. Sofocada, ahogándose en las lágrimas derramadas a barbones por sus mejillas, se levanta.
Una vez más el mismo sueño, más bien, su pasado, su pesadilla en carne propia, tocando su puerta como todas y cada una de las noches después de ese día.
Eleva las rodillas pegándolas a al pecho, arrinconada en el espaldar de la mullida cama, llorando, permitiéndose dejar en libertad tanto dolor acumulado alrededor de los años, en esas cuatro paredes.
Miro el gran ventanal sintiéndose ahogar entre tanto llanto, la noche reflejada a través de esta, parece similar a la misma en la cual toda su vida cambio, dejándola sola, tan sólo con la compañía de su abuela materna en ese cruel y despiadado mundo.
Una noche, solo bastó eso, una noche para todo su universo se desquebrajara, hundiera y extinguiera todo lo que amo, exactamente todo se le fue arrebatado en la que parecía una "simple noche".
Levantándose, temblorosa y lastimera va hasta el ventanal, arropándose con sus brazos, infundiéndose calor y compañía en esa fría y solitaria madrugada, miró el exterior desde su pen-hause en medio de las iluminadas calles de la Ciudad.
Tenía todo lo que una persona podría llegar a desear en su existencia: Dinero, poder, las amistades exactas y todo un emporio manejado bajo su mando, no obstante, para ella nada de esto poseía algún valor, pues el precio a pagar era el cual estaría toda su vida debiendo.
Con una mano contra el cristal, suspiro. En algunos momentos creía llegar a volverse loca, por la misma razón prefería ahogarse en trabajo y evitar a toda costa las relaciones, era lo mejor.
Con el dorsal de su mano limpio el agua salada proveniente de sus lagrimales, como pruebas de su sufrir.
-Hoy...hoy te puedes permitir llorar, pero mañana no...-susurró, dejando las palabras bagar por el aire silencioso de esa habitación.
Personas quienes aún ni siquiera poseía el conocimiento, le arrebataron lo más maravilloso puede poseer un ser humano, mostrándole cuán cruel pueden llegar a ser las personas.
No volvería a permitirse sentir igual, por qué esa madrugada en su interior algo murió, y las pocas cenizas restantes ella se encargó de barrerlas sin contemplación.
Había sufrido por mucho tiempo, fue débil el suficiente, ahora le tocaba ser fuerte.
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Al borde del precipicio
RomanceAustin: Simpático. Aventurero. Sensual. Atrevido. Mireia: Directa. Real. Indiferente. Organizada. Ambos de personalidades tan diferentes pero a la misma vez tan atrayentes, como el mismo sol junto a la luna formando el crepúsculo. Ella era todo lo...
