“Predestinados”
Taehyung era igual de precioso como lo es el vacío de un abismo.
Una vez se encontró al borde de un acantilado y la sensación que la inundó al sentirse al borde de la orilla, con el viento agitando fuertemente sus ropas y balanceando ligero su cuerpo mientras miraba las olas chocar contra el vacío de las rocas. El mar tan agitado y salvaje que se volvía negro y turbulento, abriendo sus brazos a quien fuera que cometiera el error de resbalar de las resbalosas orillas.
La fragancia del océano y de la tormenta inminente se expandía por cada parte de sus pulmones y haciendo su nariz cosquillear a causa del peligro y la adrenalina que había en el aire.
Sunhee nunca se consideró especialmente atraída por el peligro. No le gustaban las cosas que la hacían sentir de esa manera: Como si su corazón estuviera a punto de salir de su pecho y sus piernas inmóviles por el miedo palpitante. Tampoco era afecta a salir de su zona de confort y sobre todo, del suelo bajo sus pies. Le gustaba tener esa estabilidad en todos los ámbitos de su vida.
Pero había algo casi mágico en aquella peligrosidad. Y era increíblemente preciosa la manera en la que hacía sentir su corazón, sintiendo por primera vez la tentación en sus venas y latidos, invitándola a unirse a aquella belleza hechizante.
Y lo volvió a sentir cuando conoció a Taehyung por primera vez.
Porque todo en el chico gritaba peligro. Cada parte de su anatomía era afilada como las rocas, su sonrisa engañosa como el suelo bajo sus pies y sus ojos...Sunhee veía el mismo salvajismo del océano.
Quería lanzarse al abismo sin dudarlo, brincar del acantilado al oleaje atormentado y hundirse en el océano lenta y dolorosamente.
El chico era sencillamente precioso y a ojos de Sunhee, ningún otro chico jamás conocido superaba la belleza de aquel chico de cabellos platinados. Taehyung era todo lo opuesto al ideal que la chica pensó en tener y aunque no había pensado mucho en ello, definitivamente no esperaba que todo del alfa lo encontrara tan atrayente. Desde sus botas militares hasta su cabello teñido, era sin duda alguna, el tipo de chico al que Sunhee debía huirle.
Pero se sentía atraída a él como un imán, tan potente que se separó de su amiga en aquella noche de luna oscura del mes de febrero con un frío que hacía que los huesos dolieran a causa de los pinchazos que el clima producía.
Se dirigió al chico de camiseta roja y chaqueta de franela oscura que sin duda, era tallas más grande, con sus pies moviéndose como si tuvieran su propia vida, ansioso de querer estar cerca de aquel chico que brillaba como una estrella en un cielo negro.
Y Taehyung la miró, con ojos igual de turbulentos que el mar agitado y ladeó levemente su cabeza intimidando a la chica cuyas mejillas reaccionaron al acto con fuertes colores.
Era mil veces más precioso de cerca, permitiéndose ver de cerca los rasgos afilados de su rostro y la curvatura de su nariz, pero no tan detalladamente como le hubiera gustado a causa de las luces de la fiesta.
Sus pendientes brillaron al reflejar las luces y el pensamiento de duda se afianzó en su mente, ¿Qué tenía aquel chico que la hacía temblar de pies a cabeza? ¿Por qué alguien con ese aspecto que claramente no iba con sus estándares siempre correctos estaba colapsando su mundo?
—¡Sunhee!—La llamó su amiga, tomándola del brazo para intentar en vano distraerla del vórtice que era Kim Taehyung—Oh, veo que ya conociste a Taehyung.
Encuentro fortuito pudo haberse llamado, o muy desafortunado dependiendo del punto de vista donde se mirara. Incluso podían considerarse ambos.
Y Taehyung tampoco sabía que encontró tan curioso en la chica de largos cabellos negros que llegaban a su cintura, vestida como si fuera a alguna entrevista de trabajo y con la mirada cohibida con su presencia. No era como las chicas a las que acostumbraba a tener a su lado pero la invitó a sentarse a su lado, ofreciendo una cerveza helada en esa noche ya demasiado fría por su cuenta.
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EUPHORIA |KTH & JJK|
Hayran KurguJungkook sentía tentación por lo prohibido, pero el alfa de su hermana había sido el inicio de su completa perdición. "𝘋𝘪𝘮𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘦" Murmuró el omega, demasiado cerca de sus labios, haciendo estallar su interior en bombardeos de adrenali...