Narra Ana. Desperté a las seis y marque el número de mi casa y le pedí a Olga que mandara a Marcus con algo de mi ropa. Me fui a poner algo lo que fuera y Vi una bata. Me la puse y después de media hora oí que tocaron la puerta del cuarto. Rápido abrí y una señorita me dió una pequeña maleta con mis cosas. Me di una ducha rápida. Y me puse.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Observé a Jerome, seguia dormido. Le dedique una sonrisa. Entre al baño para peinarme. Me recoji el cabello en un moño. Cuando salí ví a Jerome sentado en la cama.
–Buenos días. -dije aún sin verle-.
–Es tierna tu forma de vestir, me recuerda que eres mi niña. -dijo y se levantó-. Solo mía.
Yo asenti. Me dió un beso en los labios, que no correspondí.
–Oh vamos Ana ya paso. -dijo muy despreocupado-. Dejemos que se nos olvide. Oh espera fue nuestro primer sexo de reencuentro, es seguro no lo olvidaremos.
Ese comentario dió risa y le dedique una sonrisa. El me sonrío y después me pegó en la pared y me besó. Yo enrede mis dedos en su cabello. Sonreí en el beso.
–Tengo colegio Jerome. Vendré más tarde. -dije y le di un último piquito-.
–Oh vamos, que faltes un día por estar con tu sexy novio no es malo. O bueno no tan malo. -dijo y me besó el cuello-. Anda un día.
–Jerome también lo deseo, pero mi equipo me espera, Dan y los chicos confían en mi. -dije mientras movía mi cuello-.
–¡¿Quien es Dan?! Mierda quien es. -dijo y se separó de inmediato muy molesto-.
–Es el hermano de mi mejor amiga.
–Si mi memoria no me falla, es el imbécil que te pretende desde la secundaria. -dijo más enojado-.
–Jerome tranquilo, ayer dije que era tuya y es cierto. No te preocupes, es solo mi compañero de exposición.
–Si me entero que te quiso tocar, le cortó las manos y después lo descuartizó. -dijo más tranquilo-.
Solo le di un beso más y salimos, todos estaban allí. Cuando nos vieron se sonrieron entre ellos. Solo me acerque a Galavan y le di un beso en la mejilla, con un buenos días.
–Buenos días señorita Galavan. -le dije a Tabitha-.
Me senté a lado de Jerome y enfrente estaba ese viejo caníbal. Que no dejaba de verme.
–¿A qué sabrá está chica? -dijo el caníbal-.
–Disculpe que? -dije y me interrumpió bárbara-.
–Preguntale a Jerome, se escuchó que ayer se la comió. -dijo ella bebiendo de su café-.
Yo me atragante con el mío, voltee y Vi a Jerome que estaba orgulloso.