59- MEMORIA

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El camino hacia la casa de Damon se hace en silencio.

Caleb está a mi lado de copiloto, y Katherina en la parte de atrás, con la cabeza en la ventanilla pensando cualquier cosa.

Nadie habla ni dice nada ¿Por qué? No lo se, ni si quiera yo quiero articular palabra en estos momentos.

-Debería haberte advertido antes de que entraras.- Dice Caleb, puedo notar la pena en su voz.

Pero la verdad es que esa pena no me sirve de nada, ni calma lo que siento en mi interior.

-No es culpa tuya.- Digo sin más.

-Creo que todo el mundo sabemos quien tiene la culpa, pero es más sencillo escoger el camino fácil.- Contesta Katherina desde atrás.

Miro a través del retrovisor el rostro de la mujer. Su hermosa cara esta teñida de unas ojeras oscuras, desde aquí logro ver que el azul de sus ojos no es el mismo que recordaba. No logro descifrar que quiere decir sus palabras, por lo que no contesto a ello.

En cambio, no paro de mirar el deportivo negro que va delante de mi a la velocidad de la luz. Caleb se encargó de llevar el coche al parking del hospital con la esperanza de que algún día su hermano saliera de alli en él.

Aprieto las manos en el volante y muerdo mi labio inferior intentando contener la tempestad que evoluciona en mi pecho. Lo peor de esto es que no tengo más lagrimas que expulsar al exterior, ha llegado un punto en que Rose se ha secado, y tan solo quedan hojas marchitas.

El rubio se jacta de lo que me sucede, lleva su mano a la mía, que descansa en la marcha del vehículo y frota intentando hacerme sentir mejor.

-Es cuestión de tiempo Rose, los médicos nos informaron que hay posibilidad de volver a recuperarla. No todo está perdido.- Informa.

No lo miro, sigo pendiente del camino.

-Caleb, de verdad, no quiero hablar.- Contesto seca.

-Algún día tendrás que hacerlo.- Dice con los ojos clavados en mi.






Ninguno de los dos volvemos a hablar.




Salimos del coche, mis compañeros de viaje se adentran junto a un Damon silencioso en la enorme casa, yo mientras me tomo mi tiempo antes de entrar. Camino por los jardines de alrededor ubicando mi razón y mi mente.

No se que siento, no se expresar al mundo que me está sucediendo. Sigo en un shock constante. Llega un punto en que dejas de padecer cada crueldad que te ocurre, y es ahí donde me encuentro.

Tal vez la vida quiera esto para mi, golpe tras golpe, no quiere darme un mísero minuto de paz. Me pregunto que habré hecho en otra vida, ¿tan mala fui que ahora el karma me da en todos sitios? Bah, tonterías, a la vida le encanta estos truquitos de ver quien cae primero.


Paso media hora fuera, tal vez no tengo fuerzas para enfrentarme a la realidad, pero no puedo esquivarlo más. Necesito dejar de sufrir, me niego a estar perdida siempre en esta vida, quiero encontrar mi rumbo y aferrarme a el como un clavo ardiendo.

Entro. En el salón se encuentran los tres. El moreno sentado en el sofá de cuero negro en solitario, y los demás en el sofá de al lado. Miro el hueco a su lado y desisto la idea de sentarme junto a él, por lo que decido ubicarme en el sillón frente a Damon.

Mis ojos viajan a él, odio verlo así, no me mira, no hace acopio ninguno de que le importe, ni siquiera se enteró de que llegué junto a ellos. Me pierdo en la forma en que mueve sus labios mientras habla con su hermano.

BLACK ROSE🌹©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora