4- LO QUE SOY

896 85 10
                                        

DAMON

Salgo de la habitación de Rose y me encamino a la mía. Al abrir la puerta veo que Amara sigue tumbada sobre la cama mirando el móvil.

-¿Aún sigues aquí?- Bufo aburrido mientras cojo una camiseta del armario sin mirar siquiera hacía la chica.

Esta se acomoda sobre sus piernas divertida.

-No hemos terminado Damon..- Anuncia con su quisquillosa voz.

-Yo no he empezado nada.- Digo apartándome de ella, que cada vez está mas cerca.

Por su cara, se que le he dañado su ego de mujer, pero es la verdad, no quiero tener nada que ver con ella, por lo menos ahora.

-Eres un idiota.- Al fin se da cuenta de que no voy a entrar en su juego y se va enredada en mi sabana con su ropa colgando de una mano. Toda una señorita.

El hecho de acostarme un par de veces con ella y que sea hija de uno de mis socios no le da derecho a ir detrás mía a todas horas.

Cuando me aseguro de que no está por ningún lado, me dirijo a mi despacho.

Me siento en el sillón de cuero y abro el cajón del escritorio, sacando el historial que encontré de Rose, sea quien sea esta chica, los que la secuestraron tenían gran interés en ella.

Esos tipos formaban parte de la mafia italiana, que estaban asentados desde hace un año en París, comercializando con drogas, además de con mujeres. Fue hace un mes cuando esos capullos decidieron terminar con la estrecha paz que teníamos con ellos, matando a uno de los míos.

Ojo por ojo, diente por diente. Nosotros se lo hemos hecho pagar peor cuando hemos matado a casi todos los integrantes de su mafia, que estaban entretenidos en vender mujeres como si de objetos se tratasen, pero esta vez solo tenían a una para exhibir, y esa era Rose, la joya, como ellos osaban llamarla mientras se balanceaba de un lado a otro drogada de yo que se que mierda.

Son unos verdaderos hijos de puta, aunque decir eso a mi no me hace mejor, encabezo la mafia rusa que me dejo de herencia el cabrón de mi padre, y hasta ahora, lo que mas hemos echo es derramar sangre, en parte por culpa de traiciones y tratos que no se han cerrado. Si la gente tuviera palabra, las cosas serían bastantes diferentes, pero por nada del mundo vendería a ningún ser humano como hacen ellos.

Jamás se me olvidará el momento en que enredé a Rose en la manta, se veía tan frágil y tan inocente a pesar de la asquerosa ropa que le pusieron.

-Señor Ivanov.- Interrumpe Alfred mis pensamientos.

Meto de nuevo los papeles en el cajón y fijo mi vista en él.

-Que hay.- Contesto sin ánimo.

- Las cosas han salido bastante bien hoy, pero.. quería saber que pasará con la chica, nos exponemos mucho si se queda con nosotros, empezarán a buscarla..- Se refiere a Rose.

Golpeo la mesa con los dedos una y otra vez, bajo su atenta mirada.

-Se irá la semana que viene.- Digo sin más.

Este parece captar mis pocas ganas de hablar y desaparece por la puerta. Ahora mismo me preocupan más otras cosas.

Tengo que andar con pies de plomo con Rose, no es policía, pero está en camino, y no puede saber nada de lo que pasa a su alrededor, si se entera donde está realmente y lo que somos, seguro que iría a por nosotros.

Saco un cigarro de la cajetilla y me lo pongo sobre los labios a la vez que hago que arda. Me centro en el humo que llena la estancia. Desde la muerte de mi padre tengo la cabeza en mil cosas y a la vez en ninguna. Ha pasado mucho tiempo desde lo de la galería de Washington, pero aún así mi mente me sigue atormentando con el recuerdo de mi pistola apuntando al pecho de mi padre por error, y eso, ni el tiempo lo cura.

No tenía muy buena relación con él que digamos, yo siempre he ido a lo mío, pero en cuanto me necesitaba, allí estaba yo para hacerle el trabajo sucio.

Me levanto del sillón agobiado, camino por el largo pasillo y sin darme cuenta una melena rubia se estampa conmigo.

-¿Deberías estar más atenta no crees?- Digo de muy mal humor.

Rose me mira confundida, pero su mirada cambia al instante cuando frunce el ceño. Me hago a un lado y sigo mi camino dejándola atrás.

Cuando por fin llego al gimnasio particular que monté, me quito la camiseta de un tirón, rompiendo el cuello de esta.

Me lanzo a uno de los sacos y empiezo a dejar fuertes golpes en cada parte de este. Solo la soledad hace que vuelva a encontrarme conmigo mismo, y es algo que me hace falta, estoy harto de estar rodeado de gente que no me importa lo mas mínimo, a decir verdad nadie me importa, y hasta ahora lo llevo bien.

Diez minutos después sigo con lo mío, pero paro al ver detrás del saco al que golpeo la cara de Rose.

-¿Que haces aquí?- Pregunto regalándole una mirada nada agradable, lo ultimo que quiero es que este metida donde no la llaman, y mucho menos en mi único momento a solas.

-Observando.- Dice mientras pasa sus manos alrededor del saco.

Me pone nervioso la forma en que mueve sus manos tan delicadamente sobre algo tan bruto.

-Con que eres de esos..- Dice sin mirarme, centrada en el saco.

- A que te refieres con esos- Contesto apartando sus manos del saco, captando su atención. Por fin me mira.

-De los que esconden sus frustraciones en golpes.. No somos tan diferentes.- Sonríe débilmente.

Por su gesto, esconde algo tras sus ojos perdidos en este momento. No me gusta el ambiente que se está creando aquí dentro y decido desviar el tema.

-Si es así, quiero ver como lo haces tú.- Digo divertido.

Esta parece captarlo, y tantea un poco con el saco que hasta hace dos minutos estaba usando, se ve que maneja muy bien la situación, por lo que sigo con mi plan.

- Darle al saco es fácil, ¿Cómo te manejas en el cuerpo a cuerpo?- Dejo aparecer una sonrisa arrogante y esta cede, al minuto aparezco con un par de guantes para cada uno.

Nos ponemos sobre la lona que hay extendida sobre el suelo, y empiezo a darle suaves golpes en el costado, para no hacerle daño. Se ve segura de si misma, y lo compruebo cuando me golpea la mandíbula de forma bruta. Le golpeo el hombro a modo de respuesta, y cuando inicia el golpeo hacía mi costado la agarro y la dejo caer sobre mi hombro, esta patalea pero yo ni me inmuto.

-¡Suéltame, eso no vale!- Grita intentando deshacerse de mi agarre.

-Mi gimnasio, mis normas querida Rose- Digo intentando sonar serio, pero no puedo centrarme teniendo el perfecto culo de esta chica tan cerca.

Cuando empieza a patalear más fuerte decido soltarla de una vez.

- No sé como vas a ser policía.- Le suelto superior.

- Así, mira.-

Se abalanza hacía mi tirándome y me hace una llave, dejando su pierna doblada sobre mi pecho. Agarro esa con fuerza y la tiro junto a mi en la lona, colocándome sobre ella. Su respiración empieza a agitarse, al igual que la mía.

Me fijo en cada detalle de su cara, en sus ojos miel y en sus perfectos rasgos, como si estuviese tallada a mano meticulosamente. Un mechón rubio se cruza en su cara, y no dudo en retirárselo. Sus ojos están fijos en los míos, analizándome como yo a ella.

Interrumpo mis pensamientos y me aparto de ella rápidamente, dejándola en el suelo confundida.

Tiro los guantes al suelo y desaparezco de la sala sin decir una palabra.


BLACK ROSE🌹©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora