1- PARÍS

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La oficina estaba un tanto ajetreada, como de costumbre en cualquier día a cualquier hora a decir verdad, y eso me ponía de los nervios, como de costumbre también.

El sol entraba por la minúscula ventana que tenia frente a mi, he de decir que me gratifica su presencia, me hace sentir mas viva de lo que me gustaría. Me rasco la nuca desesperada frente el ordenador, buscando algún indicio que me lleve a resolver el caso que me hace tener tantos dolores de cabeza, pero sin resultado.

Estoy en el cuarto año de la carrera de policía, concretamente en la rama de investigación, y ya llevo varios meses de prácticas en la comisaría de Washington, de donde soy originariamente.

No he sido de pensar que ser de mayor, mas bien voy sobre la marcha, y cuando fui desarrollando al fin mi madurez, lo tenía claro, o eso creo. En parte me dedico a esto gracias al señor Evans, marido de Marie, y a quien debo mi apellido. Él era policía, y tal vez, ahí apareció mi tan característica curiosidad.

El caso trataba sobre un asesinato en masa en la prestigiosa galería de arte de Washington, cualquiera que estuviera detrás de esto era un verdadero psicópata. Por las pruebas que hallamos en el escenario del crimen, se trata de una guerra de bandas, una de ellas latina, ¿Pero la otra? he aquí el primer obstáculo, se esfumaron sin dejar huellas, sin dejar ningún cadáver suyo que los pudiera delatar, esta sabia como manejar la situación mejor que nosotros.

Por ahora.

El lápiz se me cae de entre los labios cuando un rubio de ojos marrones y rechoncho aparece por la puerta, el pesado de Jean.

-¡Hey Rose! ¿Das con algo?- Se sienta acercando la silla más a mí, no se me pasa por alto la forma en que me mira, intentando llamar mi inexistente atención.

Chasquea la lengua para que lo mire. Bufo.

-Algo hay.- Miento, mientras apago el ordenador, no quiero que la conversación valla a más.

Sonríe de forma débil, sabe que no me gusta, es evidente, todo en mi cara es evidente.

-Voy a marcharme ya a casa, no quiero que mi cabeza termine reventando, adiós Jean.- Me acomodo el jersey gris y cojo mi bolso mientras aviento mi mano en señal de despedida. Escucho murmurar, pero no doy importancia.

Llamadme seca, pero cuando el tío más pesado de la comisaría no deja de molestarte...

El día está bastante soleado, algo raro para ser otoño, aunque no deja de hacer frío, me abrazo a mí misma, hundiéndome en mis pensamientos cuando de repente suena el tono "Bring to my life" de Evanescence, sin duda, mi canción favorita. En la pantalla aparece el rostro envejecido de Marie, sonrío y lo cojo al instante.

-¿Cómo le ha ido hoy el día a mi querida Rosie?- Y por su forma de hablar, se que está esbozando una enorme sonrisa, le encanta llamarme Rosie, yo lo odio, pero si ella se siente bien..

-No me puedo quejar- gruño mientras pataleo una piedra.

-Tan testaruda.. Ese caso te va a absorber, tienes que venir un día a tomar te y pastas que he recién sacado del horno seguro que se te quita ese rancio..- Oigo reír al otro lado de la línea.

Río con ella.

Marie ha sido junto con su marido Richard quien me ha criado y tratado como una hija, me han aguantado cosas que ninguna persona en su sano juicio haría, siempre tendré una deuda con ellos, aunque ellos no lo quieran admitir. Duele saber que no le importaba una mierda a mis padres, casi muero por su culpa, si no hubiera sido por la señora Flecher..

-¿Verdad Rose?- Escucho de repente.

Se me olvidó que seguía con el teléfono pegado a la oreja.

BLACK ROSE🌹©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora