CAP 6. ELLOS

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Aslaug se sorprendió al no ver salir en ningún momento de la celebración al menor de sus hijos, pues si bien era el que menor cantidad de alcohol ingeniería, se consideraba un honor regresar sanos y salvos de un saqueo, por lo que todos los guerreros y escuderas que habían vuelto se juntaban en la sala del rey para festejar sus virtudes, sin embargo Ivar no estaba ahí.

     Bjorn y su hijo Ubbe le habían hablado con lujo de detalles sobre las estrategias empleadas para combatir a los cristianos y de cómo estas fueron planeadas gracias a los detalles de experiencia del llamado "Brazo de hierro" y a la magnífica inventiva del joven "Deshuesado", junto a algunas bromas y comentarios extras que Hvitserk y el malhumorado de Sigurd soltaban cada tanto en su narración, pero lejos de distraerla, había tomado mayor conciencia sobre la mujer que su hijo había llevado a su cuarto

     —Disculpen —Sonrió al final de la narración y se levantó cómo si fuera en búsqueda de más vino, dejando a los jóvenes guerreros hablar y pelear entre ellos, mezclándose entre los demás hasta desaparecer de sus vistas.

     No es que le preocupara su hijo, pero gracias a lo escuchado con anterioridad ahora sabía que la monja, aquella que lo acompañaba, había sido recogida desde su llegada, por lo que llevaba a su lado más tiempo del que cualquier otra persona ajena a su familia (y la de Floki) lo habían hecho, siendo así su propio deseo el de mantenerla a su lado.

     Sabía que su hijo no podría tener descendencia y que satisfacer sus deseos sexuales era prácticamente imposible, pues había escuchado del terrible resultado que supuso el encierro con una de las esclavas, imaginaba que de ahí venía su constante rabia, por eso el que mantuviera a su lado sin aparente amenaza a una cristiana le parecía un poco absurdo, mas así era.

     —Ivar, ¿hijo? —habló contra la puerta que la separaba de los aposentos del menor de ellos— (estará dormido) —pensó y abrió a sus anchas.

     Y vamos, no es cómo si el encontrar a uno de sus hijos con una mujer en su habitación, (o el granero) pensó, le incomodara. Había sucedido con todos en algún momento de sus vidas, con Ubbe incluso más de una vez, pero eso era diferente a aquellas veces, así lo sentía.

     Su hijo menor, Ivar, estaba completamente dormido al lado de la gran panza de embarazada de aquella mujer, justo sobre uno de sus grandes senos llenos de leche, los podía ver expulsar ligeramente aquél líquido blanco; una de sus manos abrazaba aquel bulto temporal del embarazo y la otra caía perezosamente a su lado mientras el par de manos ajenas y femeninas descansaban en su cabeza con delicadeza, casi cómo si lo hubieran estado acariciando justo antes de quedar abandonadas al sueño de su dueña.

     Cerró la puerta y entonces se recargo en la pared a su lado; el rostro de su hijo era de tal tranquilidad que se le dificultaba el saberlo SU HIJO.

     —¿Qué es esto? —No pudo evitar preguntarse al repetir aquella imagen una y otra vez en su cabeza. Aquella situación le había parecido docenas de veces más íntima que cualquier encuentro sexual en que hubiera encontrado a alguno de sus demás hijos.

     No es que hubieran hecho nada, sólo dormían y el ambiente seguía oliendo al baño que habían tomado seguramente antes de dirigirse a la cama, pero la cercanía que su hijo mantenía ante aquella mujer era... además ambos iban desnudos, pudo notar las ropas de la Monja en el suelo, aún cuando su hijo odiaba mostrar la debilidad de sus piernas.

     ¿Qué tipo de sensaciones se estaba apoderando de su cuerpo? Quería pensar que sólo era la preocupación de una madre, pero seguía sin estar del todo de acuerdo con ella misma.

LA MONJADonde viven las historias. Descúbrelo ahora