CAP 34. CALMA

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Vaettir- Espíritus de la naturaleza.

La primera canción se llama La Rosa Enflorece, es de origen Sefardí y si gustan pueden oírla en YouTube (La adaptación de Nostra Morte es mi favorita).

La segunda canción se llama My mother told me y la canta Ubbe en el barco en la última temporada, de igual manera pueden escucharla en Youtube.




Las puertas estaban destrozadas, aún había personas apilando los cuerpos de amigos y enemigos en el área afectada, los campesinos y comerciantes, los hombres libres, seguían regresando a sus hogares, pero la batalla ya había terminado. Al triunfo se alzó la voz de la victoria de los Lothbrock sobre el rey de Noruega y ésta se alejaba con lentitud llevada más allá de sus límites por el viento, más en los confines de la sala del rey de Kattegat todo lo que se oía era una suave y dulce nana.

     —Mas ven a mis brazos

        Mas pronto ven a mi

        Mas ven a mis brazos

        Que yo voy a morir

        Mas ven a mis brazos

        Que yo voy a morir


        En tus ojos gitanos

        Se abre la flor

        Y al darme esta rosa

        Renace mi corazón

        Y al darme esta rosa

        Renace mi corazón... —cantaba la joven en un idioma desconocido para la mayoría, suavemente, dulcemente; con la criatura salida de su vientre, como recientemente se acostumbraba a ver, en sus brazos meciéndola lentamente; con la mirada bicolor encontrada con la azulada del menor, con unas suaves manos subiendo a su rostro, con ese antiguo peso en su pecho bajando a su vientre, expandiéndose por cada poro de su cuerpo, erizando su piel al contacto con la suave y tersa del bebé que jugaba con los mechones a su alcance.

     Todos en la sala los miraban sin atreverse a romper la burbuja creada por la agradable melodía que brotaba de los labios jóvenes. No hacía muchas noches habían descubierto que la chica le cantaba al pequeño (de labios de una de las esclavas que lo cuidaban). Primero fueron mansos arrullos que en poco tiempo se transformaron en apacibles nanas que al día de hoy eran extrañas melodías de lentos tonos.

     Laggertha incluso le había enseñado temas que ella misma cantó a sus hijos años atrás.

     —Vamos Siv —La voz de Ivar detuvo su canto—, nadie entiende lo que dices —Le dijo mientras se ocupaba de tapar con una nueva manta al bebé, quien seguía sacando sus manitas por ella, evitando ser totalmente cubierto—; además —susurró sólo para ella— tu no morirás jamás, no lo permitiré —soltó en su oído antes de juntar sus frentes en un afectuoso gesto que fue gratamente recibido por su pareja.

     —¡Hey Ivar! —reclamó Hvitserk, rompiendo nuevamente el ambiente— Era cómo si un Vaettir nos compartiera su canto —dijo y se movió del lugar donde se encontraba de pié para acercarse a la mesa, dispuesto a comer algo.

     —Lo mismo digo —secundó Ubbe, aprovechando la interrupción para pedir que sirvieran los alimentos.

     —No estoy diciendo que no cante —señaló Ivar mientras se le acercaba alimento tal cual a sus hermanos.

     —Tal vez —Comenzó Bjorn— Idun podría entonar algo en nuestra lengua —dijo al pasar por detrás de la pareja y acariciar levemente la cabeza del infante— ¿No es así hermana? —cuestionó con una suave sonrisa y se dirigió a su lugar junto a su madre.

     Todos asintieron y se dispusieron a comer mientras la joven parecía buscar las palabras en su cabeza.

     —Mi... madre me dijo... —Comenzó a cantar, dudosa de hacerlo correctamente.

     —Que algún día compraría —Entonó entonces Laggertha, dando pie a la bicolor de la tonada correcta, e incentivando con una sonrisa y un suave tarareo a que ella siguiera.

     »Nana nana naa na

       nana nana nana...

     —Párate en la proa

         Noble barca que dirijo

         Con rumbo fijo hacia el cielo


         Cortando a los enemigos

         Cortando a los enemigos


         Mi madre me dijo

         Que algún día compraría

         Galeras con buenos remos

         Que navegaran a costas lejanas


         Párate en la proa

         Noble barca que dirijo

         Con rumbo fijo hacia el cielo


         Cortando a los enemigos

         Cortando a los enemigos...

     Continuó cantando la mujer al niño que en poco tiempo cayó dormido, más no se detuvo. El abrazo de Ivar, los tarareos de Laggertha y los bajos canturreos de los hermanos presentes que se alimentaban le decían que no debía hacerlo, pues incluso Sigurd -con quien Ivar no tenía una muy buena relación-, se encontraba ahí, alrededor del fuego, recostado en uno de los asientos, escuchándola entonar; así que recargando levemente su cabeza en la de Ivar siguió un poco más, disfrutando de aquella calma que los había envuelto.

     Sólo un pensamiento cruzó por su mente en ese momento —(Ahh... así debe sentirse estar en familia) —Y deseó con todo su ser que no acabara nunca.



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