CAP 8. VIDA O MUERTE

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N/A. Uso de manuscritas para diferenciar el idioma que habla la Monja.

Por favor, disfruten y si gustan, comenten 🖤🖤🖤.




Un grito desgarrador fue lo que escuchó al ir de regreso a su hogar, una voz que desconocía y palabras incoherentes, fue ahí donde apuró el paso, entró a la sala del rey, por dónde vio salir a dos hombres y arrojando su hacha a uno de ellos siguió de largo, pues Bjorn venía tras él junto a su madre y sus demás hermanos, quienes pensaban seguir su embriaguez dentro del palacio, mismo que se mostraba desierto a su entrada, salvo por el desgarrador grito de su nombre que resonó en los oídos de los recién llegados.

     —Cristiana —murmuró al llegar a la habitación y verla tirada, ensangrentada y sufriendo.

     Rápidamente Laggertha y Bjorn lo adelantaron y sostuvieron a la mujer de manera que pudieran subirla a la cama sin entorpecer la salida del bulto que comenzaba a asomarse entre sus piernas.

     —¡Sigurd, ve por la partera! ¡Ya! —Se escuchó el grito de Laggertha, sacando de su shock a Ivar, quién había permanecido en su lugar al ver a su Monja desmayarse del dolor apenas entraron.

     —Los mataré —Apenas murmuró, mas no logró dar ni un sólo paso cuando nuevamente se le escucho gritar a la Jarl.

     —Está hirviendo. ¡Ubbe llena esa tina de agua y pon a hervir más! —Volteo a ver al menor de los hermanos, pues la embarazada seguía desmayada y el bebé necesitaba salir.

     »¡Ivar ven aquí! —Miró al joven regresar y tratar de reprimir su ira— No puedes irte ahora, necesito que la despiertes.

     —¡Pero ellos causaron esto! —gritó, parado ante ella, iba a explotar si seguía viendo a su Cristiana en ese estado.

     —Pero morirá si te vas —Mas esas palabras lo hicieron detenerse y temer— ella y el bebé morirán, Ivar —Laggertha estiró su mano ensangrentada hacía él— necesito que la despiertes para que pueda dar a luz.

     La desesperación lo invadía, pero no estaba dispuesto a dejarla morir, a ninguno, así que lanzando uno de sus cuchillos a la pared para destensarse se dirigió a la cabecera de la cama, dónde anteriormente Bjorn y su madre habían depositado a la mujer.

     —Despierta —pidió sosteniendo su rostro—. Despierta Cristiana.

     —Está demasiado fría el agua, pero ya hay otra más hirviendo, ¿qué hago Laggertha? —preguntó Ubbe, volteando hacia la nombrada, quién mantenía sus manos entre las piernas ensangrentadas.

     —Aún no —dijo mirándolo—. Él ya quiere salir, ¡Ivar haz que despierte! —gritó una vez más, mas Ivar no sabía qué hacer. ¿Zarandearla?, ¿hablarle?, ¿darle una cachetada? —¡Ivar!

     —¡Espera! —habló alzando un poco su voz, pero sin llegar a gritar y manteniendo un actitud serena al hacerlo— ¡Espera¡ Tú mamá debe de despertar —dijo acariciando su vientre, hablando casi en su ombligo— ¿No quieres dañarla o si? Sólo un momento, deja que despierte —Volvió a hablar y para sorpresa de Laggertha parecía que el bebé a punto de ser expulsado entre las piernas de aquella mujer se detuvo, sólo un momento, tal cual había pedido Ivar mientras acariciaba su vientre.

     —Ivar... —El desconocido susurro captó la atención de todos, pues la mujer, al sentir las caricias ya conocidas del nombrado en su vientre volvió en sí— ¡Aaaaaahhhhh! —gritó al momento de dar un primer pujido.

     —¡Bjorn, Ubbe, sosténganla! Cuidare que el bebé no se salga, ¡Ivar! —volteo a mirarlo mientras los dos mayores se disponían a cargar entre sus brazos a la mujer a su lado— Entra en la tina, serás su apoyo al parir. ¿Dónde mierdas está la partera! —gritó mientras Ivar se sumergía en la fría agua que apenas cubría su cintura, con todo y el apoyo metálico para sus piernas.

     »No cierres los ojos niña, mantente despierta —Le hablaba en la misma lengua que había escuchado usar a Bjorn esa misma mañana, mientras la llevaban a la tina en la que Ivar ya se encontraba— Tienes fiebre, el agua estará fría cuando entres para bajártela, pero se irá calentando —Fueron las inentendibles palabras de Laggertha antes de indicar que la bajarán dentro de la bañera, justo frente a Ivar, quién la rodeo con sus brazos apenas la sintió recargarse en él antes de soltar un nuevo alarido de dolor.

     —¡Aaaaahhhh! —gritó, pues apenas dejarla en el agua la cabeza del bebé se abrió paso entre sus pliegues, forzándola a dejarlo salir, por lo que Ivar sostuvo sus manos, buscando darle algo donde apoyarse.

     —Ahora, viertan el agua caliente poco a poco, no vayan a quemar su cuerpo —ordenó Laggertha a sus hermanos mayores, quiénes habían cargado a la Cristiana—. Puja niña, tu bebé ya está afuera ¡Puja con todas tus fuerzas! —Le gritó mientras trataba, con sus manos bajo el agua ya tibia, de ayudar al bebé a salir, halándolo levemente y abriendo un poco más los pliegues de la mujer.

     En algún momento antes de los últimos gritos de la mujer entre sus brazos había llegado Sigurd junto a la Partera, quien apenas entrar a la habitación se hincó al lado de Laggertha, ayudándola a poder abrir más el cuerpo de la Cristiana, quién de un segundo a otro se desmayó nuevamente, dejando su cuerpo laxo caer hacía su pecho mojado y permitiéndole, así, ver cómo de entre la turbia agua salía flotando un pequeño cuerpo, aún unido a su madre por un lazo en su ombligo.

     —Cristiana —murmuró—, cachorra —Volvió a hablar junto a su oído, tocando con sus manos el costado de sus brazos.

     —Háganse cargo de ella, tiene un desgarre, tengo que ver al bebé, al parecer hay un problema —Escuchó a la Partera, más no apartó su vista de la joven en sus brazos, quien por petición de Laggertha estaba siendo sacada nuevamente del agua.

     Lo siguiente lo recuerda borroso, nunca lo admitiría, ni se lo diría a nadie, pero luego de ser liberado del cuerpo de ella se levantó del agua sintiendo una bolsa de delicada carne en su camino y sintió náuseas al rasgarla con su bota y abrirla, dejando salir todo lo de su interior. Salió de la tina con esa sensación en su cuerpo, sumada de la anterior desesperación que aumentaba al ver a la recién parturienta inconsciente nuevamente en su cama.

     —Cachorra despierta —dijo, nuevamente a su lado y sin la estorbosa y húmeda parte superior de su ropa; cubriendo la ahora desnudes ajena con su capa, pues habían roto las ropas de la Cristiana, buscando darle algo de calor a la palidez que mostraba su cuerpo— vamos, despierta Cachorra —Acaricio su cabello asustado, justo sobre la marca pálida en él.

     Laggertha trabajaba entre sus piernas y con algunas heridas en su cintura mientras, él seguía acariciándola. Un grito de fondo se escuchaba en su cabeza, pero fue cuando notó nuevas heridas y moretones en sus brazos que, decidido a volver a curarlos, se llevó unas pocas de las hierbas que Laggertha utilizaba y comenzó a frotar nuevamente las zonas, cómo aquella primera vez.

     —Ah —Un quejido salió de los labios femeninos y tanto Ivar cómo Laggertha a sus pies por fin respiraron tranquilos— I...var —murmuró apenas y el mencionado sonrió.

     —Descansa Cachorra  —Le dijo sin dejar de masticar la planta— estás a salvo —apenas cruzaron miradas, ella tomó su mano y volvió a cerrar los ojos, ahora con una respiración más tranquila— estás conmigo.

     No pudo volver a curar sus heridas, pues ella no soltó su mano, así que se mantuvo a su lado hasta que todos se fueron y, dejando bastante leña en la hoguera de su habitación, se quedó dormido junto a ella, cuidando que no se cayera la capa con la que la había cubierto.



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