A él siempre le ha parecido tan impresionante el sentimiento de enojo cruzando por el fondo de su estómago. Es de las pocas veces que se siente realmente enojado y, aunque la mayor parte del tiempo está muy molesto, hoy es uno de esos excepcionales días donde su molestia ha mutado un poco más allá de la ira.
Está muy claro para Kylo que necesita desahogarse, porque él nunca ha sabido cómo sobrellevar a la furia. Lo hace sentirse enfermo, lo hace querer romper cosas y francamente algunas cosas que no se deberían de romper por mero capricho. Pero él tiene un espíritu rebelde, un espíritu al que le cuesta mucho trabajo entender lo que debería y no hacer. Lo que está bien y lo que no.
Él es indomable.
No todos los días se siente particularmente furioso, ha sabido cómo lidiar con el ardor surcando por su pecho, por su mente. Pero hoy ha habido un punto de quiebre entre los dos, donde pudo ver cuán dañado aún estaba por ella. Y eso no hizo otra cosa más que avivar los resentimientos aún guardados por Rey, aquellos que juró no tomarle más importancia tras su muerte.
El recuerdo de esa conversación en el antiguo destructor de Snoke lo hizo sentirse indispuesto, porque nunca le importó la pérdida de su hijo, sino que le dolió que Rey no hubiese confiado lo suficiente en él para lidiar con el problema juntos. Ciertamente, jamás podrían formar una familia dada su posición, después de todo, seguirían siendo los aprendices del líder supremo, cuya función en la flota estelar era llevar la paz y el orden a la galaxia.
Tenían tantos enemigos a lo largo y ancho del universo, que sería imposible vivir en la quietud de una cabaña en el planeta más alejado del núcleo.
Rey siempre fue una buena persona aún en el lado oscuro de la fuerza. Mucha de su genuina personalidad se mantuvo intacta y eso era lo que más amaba de su gemela. No obstante, cuando perdieron a su hijo, algo dentro de ella cambió para mal. Rey se volvió inestable, intolerable y triste. No soportaba verlo a los ojos, no soportaba hablar con él, hablar de él cuando quizá y ella había sido la culpable de todo. Parecía haber criado resentimientos hacia él. Muy en el fondo Kylo sentía que lo culpaba por haberla arrastrado hacia la primera orden.
Y muy probablemente tenía razón.
No puedo seguir tus pasos. Yo nunca quise irme de la academia.
Esas palabras lo habían calado tan hondo que incluso con los años seguían quitándole la respiración. Quizá si no hubiese reaccionado como lo hizo seguirían siendo los jedi que su padre siempre quiso que fueran.
Seguirían con los ideales de la dinastía Skywalker.
Pero él seguiría siendo el chico rebelde, el incordio que arrastraría a Rey a la desgracia. Porque está mal y siempre se equivoca y, a pesar de los años, sigue creyendo que no merece que lo quieran. Él no merece que le den otra mirada más allá que la del asco.
Eres malo, niño equivocado, niño tonto. Destruyes todo lo que tocas.
Los ojos azules le habían hablado con tanta condescendencia que con su joven edad simplemente lo creyó. Él era el que estaba mal. Era quien cometía atrocidades cada vez que actuaba, metiéndolos en problemas a todos.
Siempre cuidando sus movimientos, porque para su familia siempre fue el incorrecto. Olvidado por las personas que debían estar para él, siendo rechazado y rechazado sin una segunda oportunidad.
Y cuando por fin fue tratado como un igual por Snoke, con un poco de importancia—porque ciertamente nunca fue cariño.— él no tuvo de otra más que huir a su arrope. Snoke le dio lo que Luke nunca hizo; no fue amor, no fue cariño. Fue reconocimiento.
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𝐄𝐑𝐀𝐕𝐀𝐍𝐀 | 𝐑𝐄𝐘𝐋𝐎
Ciencia FicciónSINOPSIS: No recuerda nada de su pasado. Rey no sabe de dónde viene o cuál es su misión en la galaxia. Ha pasado más de seis años trabajando como traficante de especias, junto a la mecánico más irritante a bordo del Eravana. Su vida es monótona, sim...
