Rey había imaginado innumerables veces los peores escenarios.
Esos que incluían un final macabro donde los cazadores de chatarra la ultrajaban y mataban para quitarle sus pertenencias. Incluso había imaginado un final desastroso a manos de los soldados de asalto en el paraje abandonado de Vasstral, siendo torturada por sus armas psicóticas hasta la locura. Sin embargo, nunca había experimentado el terror como en ese momento y oh santo cielo, no se comparaba con nada de lo que había vivido antes. Ni siquiera en sus peores experiencias. Porque el hombre que había vislumbrado en la visión del sable rojo está parado frente de ella. Está quieto, no dice nada por largos minutos y en su silencio Rey logra escuchar el murmullo que su máscara suelta al respirar.
—Rey.
Por supuesto que sabe su nombre y es obvio que eso, la ha estado buscando durante mucho tiempo y su supuesta alucinación en el lago de Bracca no ha sido un producto de su absurda imaginación.
—¿Quién... eres?—Interroga. Al principio su voz es temblorosa, pero al finalizar la pregunta toma un poco de forma. No está segura de qué cara tiene en ese momento. De hecho sólo puede imaginarse una cara pálida de ojos verdes saltones y pecas ridiculamente traslúcidas.
Eso no le responde.
Ha sido firme llamándola por su nombre y Rey se siente un poco triunfal al saber que por lo menos ella recordaba ese detalle de su pasado. Al parecer si era Rey y aunque no supiera su apellido era más que suficiente para tranquilizarla momentáneamente.
—¿Quién eres?—Vuelve a intentar, en esta ocasión logra conjeturar la cuestión, al mismo tiempo que se pone rígida en su sitio y se levanta del suelo. Siente las hojas y tierra en sus rodillas, pero es la menor de sus preocupaciones.
—¿Estás jugando, Rey?—La voz mecánica hace eco al su alrededor. Quiere decir que está aterrorizada con aquél sonido extraño, pero desde que ha abierto la boca, la calma casi ronroneante le envuelve el corazón. Mierda, piensa ella. Porque hace unos minutos estaba meandóse en los calzoncillos y ahora que ha traspasado la línea de la estupefacción su cuerpo simplemente no responde.—¿Luego de seis años es eso lo que dices?
—No sé quién eres.
Él sigue callado. Algo dentro del cuerpo de la chica se quiebra y entonces es consciente de que no puede moverse. Sí, es eso, es una fuerza invisible que la mantiene con las piernas y brazos pegadas a su cuerpo, inposibilitándola de cualquier movimiento. Rey no sabe si morderse la lengua para matarse en ese preciso momento o luchar contra lo que no puede controlar. El tipo se acerca lo suficiente como para que casi pueda sentir el calor que desprende debajo de esas ropas oscuras y al mismo tiempo es consciente de la elevación de mano que hace el cretino para posarla sobre su cabeza.
Hace frío.
Su cerebro se congela de inmediato, dejándola sin aliento por unos segundos. Él está haciendo algo para arrastrarla en un bucle desconocido de emociones y puede percibir como la bebe desde dentro con un pequeño ademán de su brazo.
—Estás mintiendo.—Dice él, suena más como una frase dicha para sí mismo que para Rey. Sus manos se aprietan en puños después de soltarle la frente y el sonido de cuero con cuero le eriza un poco los vellos de la nuca.—Eres tan buena mentirosa, perra.
Rey piensa que él es un grosero.
—¿Quién diablos eres?—Exige. Su ceño castaño fundiendo su dirección al visor sobresaliente del casco. Están haciendo contacto visual, eso es seguro, al menos Rey lo piensa ferviamente.
En medio del bosque, el silbido del viento es lo único que se oye, dándole un ambiente tétrico al asunto. Pero el hombre no vuelve a responder y la pequeña carroñera comienza a ponerse con los nervios de punta.
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𝐄𝐑𝐀𝐕𝐀𝐍𝐀 | 𝐑𝐄𝐘𝐋𝐎
Science FictionSINOPSIS: No recuerda nada de su pasado. Rey no sabe de dónde viene o cuál es su misión en la galaxia. Ha pasado más de seis años trabajando como traficante de especias, junto a la mecánico más irritante a bordo del Eravana. Su vida es monótona, sim...
