El cielo se colorea de azul con naranja y morado dejando salir al sol, despertando a las aves preparadas para dar su vuelo trayendo melodías mañaneras; alrededor de las once de la mañana, mi nieto Cristian me despierta moviendo ligeramente mi cuerpo, sin embargo transcurre un minuto para que me despertará bien, estiró los brazos como un bebé para despabilar a mi cerebro y así obtener fuerzas, me siento en el borde de la cama para que Cris rodeé mi pecho con sus brazos y una de mis nietas sujeta muy bien la silla y así me sientan casi en un mismo movimiento, en cuanto toca mi espalda la silla me deslizan a la sala y digo boztezando buenos días, mis nietos responden de la misma manera, por lo visto mi hija Lupita no está, me comenta mi nieta que se fue muy temprano al trabajo y ya no la alcancé para saludarla. Al poco rato tocan la puerta, se dirige abrir Cris y por la puerta entra mi hija Leti con unas bolsas trasparentes colgando de sus manos, me dió a saber que es comida, las pone sobre la mesa y saca los recipientes, a la vista se veía apetible y se me hizo agua la boca, soy consiente que lo único que ocupa mi mente es la anciedad de comer, ciertamente clave la cuchara a uno de los recipientes, tenía un buen sabor había todo lo que no podía comer como chile y grasas pero cedí a la tentación. Mi nieta quita la comida para darme lo que hizo pero me opuse y saque la lengua en señal de mi inegable victoria; los siguientes minutos estuve conversando con Leticia de manera sería, le hice saber mi descontento de cómo era su comportamiento por supuesto ella automáticamente ignoró el hecho que así era, repentinamente se levanta agarra sus recipientes con alguna comida y sale sin decir una palabra, solo su cortesía estuvo disfrazada. En la tarde mis nietos y mi hija Lupita comimos saludable y a decir verdad el agua de sabor frutal que bebí me deleitó con la frescura que descendía por mi garganta ¡Esto es lo que mi alma necesitaba! Entre la comida aporté unas cuantas anécdotas buenas que habían sucedido años atrás relativamente se nos fue el día; la noche es fría y la luna ilumina como si fuera un reflector.
Al amanecer tenía un malestar que crecía en mí estómago tenía diarrea y transpaso el pañal, sábanas, cobijas ¡todo se habían ensuciado! Sabía que no debía comer picante y me lo comí y hasta me porte grosera con mi nieta por querer quitarme el plato, solo intentaba proteger mi alimentación, ciertamente estuvo muy mal mi comportamiento, por eso doy el primer paso para disculparme con las dos, no puedo evitar sentir tanta vergüenza con mis nietas, veo su descontento en su mirada y no es para menos, de ser posible yo lo haría sin embargo estoy inválida, siento rabia por estar limitada sacudo ligeramente la cabeza por empeorar las cosas. He cierto Leticia también tuvo culpa por traerme lo que no puedo comer y ya lo sabía, ¿será que lo hizo aldrede? Pensaré que no fue así. Mis nietas respiran profundo como si fueran a comenzar una carrera, es muy grande su bondad que hay en su corazón que limpian lo que ensucie. Luego de media hora me levantan de la cama, busco sus manos para ponerme de pie con mucho esfuerzo solo unos cuantos segundos para evitar que caiga por de trás, y muy optimistas me dicen que no me preocupe por lo que hice, de alguna forma me hizo sentir bien esas palabras y provoca que recupere algo de calma, después me bañan. Hacen tanto por mí, se que no es nada fácil lo que están haciendo, es mucha responsabilidad solo para ellas, en su rostro veo mucho esfuerzo. Ese día quedan exahustas. El hecho de que no se rindan habla muy bien de mis nietas.
Otro día más, empieza la rutina de la mañana. Es muy cierto que en un segundo puede hacer la diferencia para cambiar tu vida.
—Mamá Susana te voy a levantar —escucho a una de mis nietas como en un eco muy lejano. Intento abrir mis ojos pero no puedo ¡qué me está pasando! ¡No otra vez!
—¿Máma Susana si me escuchas? —No puedo contestarle, solo oigo que le dice a su hermana que llamaría a uno de sus tíos porque me encontraba mal, al poco rato escucho la voz de mi hijo Carlos y de alguien más.
—¡Mamá despierta! —exclama con desesperación, como no reacciono me unta alcohol en las manos y la nuca. Pero no surte efecto por eso alguien me carga, mis sentidos están dormidos no podía identificar con claridad quién me lleva y me desconecto de todo.
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Secretos del alma
Teen FictionSusana es una niña que no disfruto de su infancia como muchos niños ya que trabajaba haciendo limpieza en casas con tan solo 15 años para mantener a sus dos hermanos menores ya que sus padres siempre se concentraban en sus problemas, nunca imaginó q...
