16 de enero de 2018
—¿Qué piensas del reportaje? —Pregunta mi tío.
Dejo el diario sobre la mesa y doy un sorbo a mi café. Necesito unos minutos para meditar mi respuesta.
—¿De verdad quieres saber mi opinión? —Indago.
Él asiente en tanto el resto solo espera por mi respuesta expectante. La familia se encuentra en el salón principal desayunando como cada mañana. A pesar de vivir en pisos diferentes del edificio, siempre nos reunimos para las comidas. Es algo así como una tradición. Luciano nos acompaña... en ocasiones.
—Si deseas que Biagio Ferrara se convierta en alcalde, tendrás que buscarle un mejor agente de prensa —digo finalmente—. Este discurso es pésimo.
—Al parecer has olvidado quiénes somos, Rinie —salta mi madrastra. Siempre busca la manera de fastidiarme—. Biagio ganará de una forma u otra.
<<Bruja>>, grita mi fuero interno
—No lo he olvidado, Loretta —replico—. Pero, incluso cuando todo está arreglado, necesitas una buena fachada que te sustente —el doble sentido de mis palabras es evidente—. Aunque manipuléis los estatutos, tendréis que mantener al pueblo calmado —me dirijo hacia Alessandro—. Y con discursos como estos —señalo el periódico—, Ferrara no se ganará el cariño del público precisamente.
—Es una buena observación —opina el jefe de la cúpula Varone.
—Excelente, diría yo —agrega el abuelo.
Mi padre solo sonríe orgulloso.
—Tendremos que trabajar en ello —alude mi tío Fabrizio.
—Hay algo que no entiendo —murmuro—. Eres el Comisionado de la Policía —señalo a tío Alex—. Podría asegurar que eres el hombre más poderoso del país. Entonces, ¿por qué no te postulas?
—Prefiero mover las piezas desde la oscuridad —responde— y tener a alguien que cumpla mis órdenes.
—Ya tienes demasiados hombres bajo tus órdenes, papá —indica Alonzo, su hijo mayor.
—Nunca son suficientes, hijo —declara el aludido—. Ve tomando nota. Algún día me sucederás.
Alonzo hace una mueca de desagrado. Apenas le conozco. Cuando llegué a la familia él estudiaba fuera del país. Solo le veía en vacaciones. Siempre me ha parecido extraño, incluso un poco ermitaño.
Matteo —el hijo mediano de Alessandro—, es todo lo contrario. Siempre fue un chico dulce, amable. Nos supera en edad a Bianca y a mí solamente por un año. Con él tengo mayor afinidad.
Alessandro y Gabriella tienen tres hijos y no podrían ser más diferentes.
—A papá le gusta jugar al ajedrez —interviene Matteo—. Pero jamás ha logrado vencerme.
—No cantes victoria, todavía —advierte el mencionado—. Sigo intentándolo.
—No lo lograrás —advierte su hijo.
Me gusta ver estas peleas amistosas en la familia. Hacen las comidas más amenas. Aunque mi odiosa madrastra no deja de lanzarme cuchillos con la mirada. Su antipatía ha empeorado con los años. Si tan solo fuera más... noble. Debo admitir que la mujer es realmente atractiva. Sus rizos cobrizos y sus ojos verdes la hacen resaltar entre todas las mujeres. Sin embargo, se muestra maliciosa y fría como un témpano de hielo.
Quizá con mi padre sea diferente. No tengo idea. La relación entre ellos es... rara.
—Renuncia al ajedrez, papá —esta vez es Bruno quien habla—. Eres mejor con las marionetas.
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Pasión y Poder
RomanceCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
