38.Cambio de planes

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—Apuesto a que no esperabas volver a escuchar mi voz —no digo nada. Estoy demasiado sorprendida—. Bonita celebración. Me siento herido por no haber recibido invitación.

—¿Qué quieres? —espeto secamente, una vez consigo encontrar mi propia voz.

—Asegurarme de que aceptarás la propuesta de Dante —creo que estoy hiperventilando—. Te casarás con él, quieras o no.

—¿Y cómo pretendes que te obedezca? —bufo, escéptica. He recuperado la compostura.

—¿No te has preguntado por qué no os he delatado a ti o a Luciano? —más de uno de los presentes comienza a notar mi actitud fuera de lugar—. Es momento de jugar mi as bajo la manga.

—Dime, muero por saber —busco mi tono más burlón—. ¿Sabe tu amiguito Massimo que juegas a sus espaldas con su futuro yerno?

Luciano se coloca delante de mí con cara de asesino. Lo veo con intensiones de sacarme el móvil, pero con una mano en su pecho lo detengo.

—Ese no es tu problema —replica—. Concéntrate en lo importante. Te casarás con Dante o puedes dar a tu querido Luciano por muerto. ¿Sabes qué hace Massimo Costello con los traidores? —no digo nada—. Los mutila para que no puedan gritar. Luego los tortura lenta y dolorosamente. El hombre es un sádico, Rina. La vida de tu amado se encuentra en tus manos.

—¿Me estás amenazando? —inquiero con incredulidad. Creo que estoy temblando—. No me tientes, Fabrizio —La habitación queda en completo silencio al escuchar el nombre—. Te dejé ir una vez. Puedes dar por hecho que no cometeré el mismo error dos veces.

—Para eso tendrás que encontrarme, sobrina —intuyo que sonríe aunque no pueda verlo—. Tienes hasta mañana para darle tu respuesta al hijo de Biagio. De lo contrario, dile «adiós» a Luciano D'Cavalcante.

—¿Me crees tan tonta como para acceder sin más? —bufo—. Massimo confía en Luciano mucho más de lo que confía en ti. Me temo que estás perdiendo tu tacto con los años, querido tío.

—Es una verdadera lástima. Tenía la esperanza de que aceptaras a la primera —intenta dilatar el momento con un suspiro—. Te casarás con Dante Ferrara y además, nos dirás la razón por la que Massimo te obedece sin más. Te informo que esta llamada está siendo grabada.

Me quedo totalmente paralizada.

—Fue muy inteligente cambiar las líneas telefónicas —continúa—, pero aún conservo mis recursos. Estáis intervenidos nuevamente y cada llamada ha sido grabada. No solo la vida de tu querido amante está en juego, la de tu bastardo también.

Un gemido incontenible escapa de mis labios. Siento mi respiración acelerada al igual que mis latidos.

—Hay tantas formas de matar a un bebé nonato.

Instintivamente, me llevo las manos al vientre.

«¿Cómo lo supo?»

«Mi bebé no.»

—¿Crees que a Massimo le quedará alguna duda? —continúa con su intimidación—. Luciano, el bastardo, Alda —comienza a enumerar—, Fiorella, Bruno, Enzo...

—¡Hijo de puta! —exploto. Un latigazo me azota el vientre, pero mi furia es más fuerte—. ¡Eres un hijo de puta!

—Cuelga ya, Catarina —ordena Luciano.

—Me alegra ver que aún guardas sentimientos hacia mí —incluso ríe a carcajadas. Me llevo una mano al abdomen al sentir otra leve contracción—. La lista continúa. Mañana, sobrina, o estáis acabados... y todo será tu culpa.

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