27.No huiré

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26 de abril de 2018

Espero el sermón con la resignación de un condenado. Sé que vendrá. Ayer, Bianca me consoló cuando no pude levantarme de la cama. Hoy, me tocará la tormenta.

—¡Tú sí que estás loca! —su voz comienza como un trueno lejano y va creciendo hasta convertirse en tempestad—. Definitivamente, se te ha fundido el cerebro de tanto pensar. ¡Explícame en qué demonios estabas pensando!

—Detente, por favor —mi voz es apenas un susurro. No tengo fuerzas para discutir—. Era la única forma de alejarle. No necesito esto ahora. Si no puedes apoyarme, por favor, vete.

—¿Para dejarte revolcar en tu propia miseria? ¡Ni loca! —bufa, frustrada—. Dime una cosa, Rina. ¿Qué te hace pensar que no te mentía?

—¿Por qué habría de hacerlo? —la pregunta me atormenta desde que vi la ecografía—. Si hubiese querido destruirme, podría haber inventado cualquier cosa. O incluso haberme matado. Pero esto... esto es distinto.

—¡Es una Costello! —escupe el apellido como si fuese veneno—. De esa familia puedes esperar cualquier cosa.

Me niego a creerlo.

—No puedes crucificar a los hijos por los pecados de sus padres —afirmo con dureza—. Sabes mejor que nadie que las mujeres en familias como la nuestra no tienen voz ni voto. Son piezas de ajedrez en juegos de poder. Nosotras hemos tenido suerte, Bianca. Pero otras no.

Ella aprieta la mandíbula. Sé que mis palabras han dado en el blanco.

—No me distraigas —masculla—. Responde a esto: ¿de verdad crees que Gianna está embarazada?

—Vi la ecografía —digo, sintiendo de nuevo la punzada en el estómago—. Doce semanas. No había nada entre Luciano y yo en ese entonces. Podría haber sido incluso antes de la muerte de mi padre.

Bianca suspira y se deja caer junto a mí, observando el techo.

—¿Qué piensas hacer ahora?

Miro la pequeña lámina que contiene mi colgante y siento el peso del misterio en mis manos.

—Voy a descubrir qué diablos es esto —susurro—. Y luego, voy a llegar hasta el fondo de todo esto. Solo una persona puede obtener el poder de Roma, Bianca. Y me aseguraré de que lleve el apellido Varone.

Su silencio es una mezcla de resignación y temor.

—Te estás lanzando al fuego otra vez —dice al fin—. Te esconderás detrás de misiones imposibles para no enfrentar lo que sientes.

—Esta vez, no huiré —le sonrío con amargura—. Mi vida está aquí, en Roma. No pienso irme a ninguna parte.

27 de abril de 2018

—¡Rina! —Matteo me recibe con una sonrisa demasiado entusiasta. Detrás de él, Calla se aparta rápidamente con su rostro sonrojado—. ¡Por fin das señales de vida! ¿Todo bien?

—He estado ocupada —mi excusa es válida, aunque no del todo cierta. La verdad es que simplemente no me siento con fuerzas para enfrentar a nadie—. Quiero hablar contigo.

—Calla, ¿nos das un momento? —pregunta Matteo.

Ella asiente, me dedica una sonrisa comprensiva y sale de la habitación. Me siento frente a mi primo y coloco la pequeña lámina en sus manos.

—Necesito que me digas qué es esto.

Matteo la examina con detenimiento.

—Parece un chip, pero su estructura es extraña. Debe ser tecnología de punta.

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