37.Un intercambio ventajoso

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—¿Qué? —Creo que no he escuchado bien. Dante Ferrara me ha pedido matrimonio. Sin embargo, en el instante en que le veo abrir una pequeña caja, mostrando un exuberante anillo, la realidad me golpea. Ahora sí río con ganas, atrayendo la atención de algunos presentes—. Estás de broma.

—No bromeo con mi futuro —aclara—. Alda no tiene valor alguno para Massimo; es solo una moneda de cambio, un objeto. En cambio tú...

Desconozco el motivo, pero el hombre benera el camino por donde pisas. Te obedece como un cachorrito. Contigo a mi lado, puedo controlarlo y superar al gran Luciano D'Cavalcante —la última frase la dice demasiado sarcástico—. Si a eso, le sumas el hecho de que no puedo sacarte de mi cabeza y eres la protagonista de cada sueño erótico que tengo —debo morderme la lengua y contener la respiración para evitar las náuseas—; da como resultado la ecuación perfecta.

Es simple; tú por Alda: un intercambio muy ventajoso.

—Para ti, claro. ¿Realmente piensas que puedo controlar a Massimo Costello? —Logro formular la pregunta y examino su actitud con detalle. Parece confiado, seguro..., arrogante.

—Estoy completamente seguro. Piénsalo bien —agrega—. Podrías tener el mundo a tus pies. No tienes idea del poder que tienes en tus manos.

La tengo, por eso siento tanto temor. Hay demasiado en riesgo.

—Tomaré tu consejo —espero no haber sonado dubitativa. No puede notar mis dudas—; me lo pensaré. Descuida —le detengo al leer sus intenciones—, te daré una respuesta pronto.

Ni siquiera espero el entrante. Me pongo de pie rápidamente. Necesito aire.

—El tiempo corre, Rina —me detengo de inmediato. Solo mi familia y amigos más cercanos me llaman así—. Por cierto, tu tío Fabrizio te envía saludos.

No puedo resistirlo un segundo más, salgo pitando de ahí antes de que pueda perder la compostura y Dante se dé cuenta.

La brisa del mar despeina mi cabello y lo convierte en una armoniosa danza. Cierro los ojos, absorbiendo la mezcla de aromas. Es como si el aire del puerto purificara mis pulmones.

En este preciso lugar, a unos cuantos metros mar adentro, asesiné a Loretta. Pensé que esa noche terminaría todo..., y no pude estar más equivocada.

Solo fue la primera batalla, el inicio de la guerra. Tal vez Dante tenga razón. Tal vez, con una sola decisión de mi parte, pondría fin a todo.

¿Pero a qué precio?

¿Qué hay de Luciano y de mí?

¿Qué será de nuestro hijo?

¿Habrá un futuro para nosotros después de todo esto?

Ahora me cuestiono mis acciones: ¿fue correcto presentarme ante Dante Ferrara? ¿Acerté al aparecer en la vida de Massimo? ¿Debí enfrentarme a Fabrizio sola?

Ni siquiera el aire puro y la preciosa vista de Civitavecchia consiguen aclarar mi cabeza. No mentí hace semanas cuando dije que había alcanzado mi límite. Soy fuerte y no me derrumbaré, pero a veces siento que es demasiado para mí. La realidad, la situación, la incertidumbre de un futuro incierto aparecen de la misma mano y, por momentos, me abruman.

Me recuesto en el pequeño asiento del muelle y suspiro.

«¿Hasta cuándo pretende permanecer escondido?»

—No sabía que hacer de niñera entraba en tu contrato como detective —digo sin desviar la vista del mar. Me recuerda a los ojos de Luciano—. Tu paga debe ser más que buena.

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