36.Propuesta peligrosa

1K 78 11
                                        

De repente siento ganas de vomitar. Entonces Gianna no me mintió...

—¿Qué? 

—Recuerda lo que te dije, ella y yo no hemos intimado jamás, así que cálmate.

—¿Entonces no...? —trato de hacer lo que prácticamente me ha ordenado.

—No es mío. Se va a quedar una temporada con tus tíos, no hay otro lugar seguro para ella por ahora.

22 de mayo de 2018

—Lo siento —me disculpo ante el quejido de Gianna—. La herida escocerá por un tiempo.

Estoy segura de que si Massimo no hubiera descubierto los planes de la familia Olivieri a tiempo, la habrían matado. El corte la espalda es bastante profundo. Afortunadamente, no necesitó cirugía.

—Siento las circunstancias en las que nos conocimos —rompe el incómodo silencio—. Acababa de enterarme de mi embarazo y no supe...

—No tienes que disculparte —respondo automáticamente—. Tus razones tendrías. A fin de cuentas, tú sigues siendo la esposa y yo la amante —Gianna me observa sorprendida. Seguro no esperaba esa reacción de mi parte—. Solo tengo una pregunta para ti, Gianna.

—Siéntete en la libertad de hacerlo —accede—. Creo que te la debo. Seré honesta, lo prometo.

Trago saliva con fuerza en un intento de reprimir los nervios.

—¿Estás enamorada de él?

Ella suspira y tarda demasiado tiempo para responder.

—Hubo un tiempo en el que creí estarlo —admite—, pero rápidamente comprendí que no. Luciano es arrolladoramente guapo y muy pasional —no sé cómo sentirme ante sus confesiones—. Su presencia opaca la de cualquier hombre a kilómetros de distancia. Sin embargo, no podría amarlo sinceramente —sin apenas darme cuenta, relajo mi cuerpo en señal de alivio—. Es demasiado complicado con sus reservas, su frialdad, su imponente actitud... Me intimida demasiado y eso me cabrea. No me gusta.

—Vale —es todo lo que consigo decir.

—Cuando supe que había encontrado alguien a su altura, me sentí herida —contesta en medio de un resoplido—, sobre todo en mi orgullo. Conseguiste lo que ninguna mujer pudo, incluyéndome.

—¿Qué cosa? —Inquiero confundida.

—El corazón de Luciano D'Cavalcante —el silencio se instaura entre ambas. No existen palabras capaces de rebatir las suyas. Una nostálgica sonrisa se dibuja en ese rostro tan parecido al mío—. ¿Sabes? Eres muy afortunada. Tienes todo lo que me gustaría tener.

—En cambio tú tienes todo lo que yo debería poseer —contraataco.

—Te hubieras convertido en otra muñeca rota... —desvía la mirada hacia la nada, perdida en sus pensamientos—, como yo. Massimo no fue un mal padre, pero tampoco el mejor. Sé que me quiere... a su manera. Pero él asesinó al hombre que amaba, al padre de mi hijo —mis ojos se abren súbitamente de la sorpresa—. Es un monstruo, Catarina. Sus perversiones y sus ansias de poder le han convertido en uno. No puedo permitir que siga dañando mi mundo de esta forma. Debo detenerle.

—No tienes razones para confiar en mí —alego—, pero espero que me creas cuando afirmo que te ayudaré. Queramos o no, estamos del mismo lado.

—No quiero que muera —declara—. Solo deseo quitarle el poder e intentar salvar lo poco que quede de él. Ese fue mi trato con Luciano.

—¿De verdad crees que hay algo salvable en él? —Dudo. También me gustaría creerlo.

—No. Pero debo intentarlo. Mi madre siempre deseó un hijo varón, me ve como un castigo. Él siempre estuvo para mí. Es mi padre... —deja la frase en el aire—, y el tuyo también.

Pasión y PoderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora