2 de abril de 2018
—¿Seguirás respondiendo con monosílabos? —Pregunta mi tía Beatrice—. ¿O finalmente nos contarás?
Las mujeres me miran expectantes. Hemos salido de compras. Tía Gabriella nos arrastró a todas alegando que necesitábamos un tiempo de chicas. En realidad fue una escusa para sonsacarnos información —aunque compramos un montón de de ropa y zapatos—. Ahora estamos en Pensare, un bar–cafetería de lujo.
—No hay nada que contar, en serio —digo sin mucha convicción—. Solo… estoy algo… cansada.
—¡Ay, no cariño! Nada de mentiras —protesta tía Gabriella. Me han caído en pandilla—. No solo Bianca te conoce lo suficiente para saber lo que te pasa.
—¡No miento! —Salto a la defensiva.
Todas me contemplan incrédulas incluso Calla. Bianca no puede ocultar su sonrisa.
<<¡Genial!>>
Me bebo el Martini de un trago y pido otro.
—Estamos en confianza, cariño —aclara Beatrice—. Puedes hablarnos de él.
Trago saliva con fuerza. Siento la boca seca y vuelvo a vaciar mi copa.
—No es tan fácil… —admito—. Es algo imposible. O en todo caso…, demasiado complicado.
—No la quiere, Rina —asegura Gabriella—. Le conozco desde que nació. Es un hijo más para mí.
—¿Qué pretendes decirme, tía?—pregunto agarrotada.
—Nada, cariño —responde mientras bebe de su copa sin prisa alguna—. Tan solo digo la verdad.
—Eso no cambia las cosas —admito con pesar—. Ella sigue existiendo. Y es nada menos que… —detengo mis palabras a tiempo. Aunque no me pasa desapercibida la mirada inquisidora de Bianca—. Nada, no importa. No estoy muy segura de que vaya a funcionar.
—Por una vez en la vida —intercede mi mejor amiga— deberías velar por ti y tu felicidad, seguir tus impulsos.
Gabriella toma mis manos entre las suyas, como solo una madre sabe hacerlo.
—Hija, la vida que llevamos no es nada fácil. Sabes de qué te hablo, lo has vivido en carne propia. Pero cuando compartes la felicidad, aunque sea por instantes, la carga se hace menos pesada. No dejes que un insignificante papel interfiera en ello.
—No es cualquier papel, tía —replico apesadumbrada—. Es uno que lo ata a otra mujer de por vida.
—Nada es eterno. Confía en él —media Beatrice—. Y en sus decisiones.
Esa es mi mayor duda. Desconozco lo que Luciano quiere de mí. Hace apenas unas semanas, no dejaba de repetir que era como su hermana pequeña. Todo es demasiado confuso.
—No hubiera podido decirlo de mejor forma, mamá —comenta Bianca—. Tal vez a vosotras os escuche.
—Eso espero, cariño —repone su madre—. Ahora podemos hablar sobre Matteo.
Calla se queda estática a mi lado. De esa forma cambiamos de un chico a otro. Las Varone amanecieron hoy en plan love-mates.
Una hora más tarde salimos del restaurante. Aunque comienza a llover decidimos regresar a pie, puesto que el edificio queda solamente a tres cuadras.
Por unos segundos me detengo a observar el paisaje ante mí. La imagen de la lluvia mezclada con una fina capa de niebla resulta hipnotizante. El sonido de las gotas de agua cayendo en el suelo ya mojado suena justo como una música melodiosa.
Me relajo enseguida y medito mis próximas acciones.
Sí, dejaré que Luciano tome sus propias decisiones. He esperado por ocho años. Puedo esperar un poco más. Por una vez en la vida me lanzaré hacia lo desconocido. Basta con que él corresponda mis sentimientos. Gianna tuvo su oportunidad. Si en todos estos años no logró enamorarlo, mucho menos lo hará ahora. Es mi turno. Aunque la situación no deja de parecerme una ironía del destino.
—¡Rina, venga! Te resfriarás si sigues mojándote.
Pero no puedo moverme. La hoja afilada de un cuchillo acaricia mi garganta.
Un brazo enorme rodea mi torso, oprimiendo mi pecho. Me empuja hasta que mi espalda queda pegada a su cuerpo. Después,se acerca a mi pelo y absorbe el aroma con fuerza.
—Si te mueves, te abriré la garganta.
La hoja filosa presiona fuertemente sobre mi cuello. Siento la carótida pulsar contra el objeto de metal.
Mis sentidos me alertan, pero es demasiado tarde. Me tiene inmovilizada. A mi alrededor Calla palidece, mientras mis tías y Bianca se acercan.
—Turco —Calla gime con terror.
—Hola a ti también, mi querida Gata. —habla aquel hombre repugnante—. Eres muy escurridiza, ¿lo sabías? Pero tu nueva amiguita es un verdadero camaleón —dice refiriéndose a mí—. ¿De verdad creíste que podías escapar y llevarte mi mejor adquisición como si nada? Nadie, absolutamente nadie burla a Tarkan Arap. No serás la primera en tener el honor.
—De hecho —interrumpo su pequeño discurso—, sí lo hice.
El Turco aumenta la presión sobre mi cuello, cortando ligeramente mi piel.
—Vaya, vaya. Veo que ser atrevida no era parte de la actuación. Creo que nos vamos a divertir en grande.
—¡¿Quién demonios eres?! —Grita mi tía Gabriella y mi fuero interno maldice—. ¡Quítale las manos de encima, malnacido!
<<Mierda>>
El Turco las mira, deleitándose un poco con la apariencia de mi mejor amiga.
<<¡Joder! Piensa, Rina. Piensa.>>
—Cogedlas a todas —ordena a sus hombres.
—No sería muy inteligente de tu parte —intento disuadirle—. Necesitas mensajeras. Apuesto que no viniste solo por mí, ¿cierto?
—Tienes razón. Eres una puta lista —responde—. Pero Gata se viene también.
La aludida solo me observa aterrorizada.
—No la necesitas —insisto—. Además, no es ella de quien quieres vengarte, ¿verdad?
—Ella también huyó, se burló de mí —replica.
—Solo hizo lo que yo le ordené. Sabes que puedo ser muy persuasiva.
—Bien —accede y automáticamente suspiro de alivio—. Tú ganas. Que se vayan. Informaréis a Alessandro, decidle que quiero verle. Él sabe donde estaré. He decidido adueñarme del Lascivia, como pago por su ofensa —se refiere al club nocturno más famoso de la ciudad, propiedad de los Varone. Un antro de perdición donde puedes satisfacer cualquier deseo o necesidad—. ¡Ah, lo olvidaba! No debe venir sin Luciano. Después de todo, fue él quien hizo la reserva de hotel, ¿no es así?
<<No. Luciano, no.>>
Gabriella ni se inmuta al escuchar aquello.
—¿Por qué habría de hacerlo? —Protesta—. No le tengo miedo.
—Informaremos a Alessandro —interviene su cuñada sin dejar de mirarme. Ha captado mi mensaje: si no se marchan moriremos todas.
—Buena chica —le sonríe El Turco.
—No sabes dónde te has metido —dice Bianca arrogante—. O puede que sí…
—Me resulta muy tentadora la idea de pasarme toda la noche hablando contigo, encanto —alude Tarkan, aún con el cuchillo en mi garganta. No ha aflojado el agarre—, pero está lloviendo y no me gusta el agua. Daréis media vuelta y os iréis calladitas. Un movimiento en falso —advierte—, y la zorrita muere.
Las mujeres se quedan mirándome mientras El Turco me arrastra hacia un callejón.
Asiento levemente, intentando transmitir seguridad. Aunque no tengo la certeza de si podré escapar… o de si seré la misma después de que me toque. Porque de algo no tengo duda alguna: Tarkan Arap tiene todas las intenciones de hacerme cumplir mi última promesa.
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Pasión y Poder
RomansaCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
