5 de abril de 2018
Mi mejor amiga parlotea a mi lado sabrá Dios sobre qué. Yo por más que trato de prestarle atención no lo logro. Mi mente se empeña en divagar entre los recuerdos de la noche anterior.
Piel contra piel.
El calor abrasa mi cuerpo.
Me ama. Luciano me ama.
Llevo mis dedos a los labios de manera inconsciente, en donde todavía siento sus besos.
—Rina. ¿Rina, estás ahí?
La voz de Bianca me saca de mis ensoñaciones. Estoy en este estado de trance con momentos de lucidez desde esta mañana. Cuando desperté ya Luciano se había marchado. No obstante, me dejó una nota encima de la mesita de noche:
“Tuve que irme. No quise despertarte.
Te pertenezco,
L.D”
Las sábanas huelen a él, todo mi cuerpo huele a él y solo quiero que vuelva para envolvernos una vez más en mi cama por toda la eternidad.
—Oye, te estoy hablando —vuelve a llamarme Bianca—. ¿Seguro que el turco ese no te golpeó la cabeza?
—Perdón, ¿qué decías?
—Hoy estás en otra dimensión, nena —me responde.
—Lo siento —digo sonriendo.
—Pues no lo parece. La sonrisa no ha abandonado tu rostro desde que vine a buscarte. ¿Qué ha pasado?
—Nada —respondo encogiéndome de hombros.
—¡Catarina Russo! —me señala de manera acusatoria—. ¡Me estás ocultando algo! Suéltalo.
—¿Puedo esconder algo de ti? —resoplo.
—Estás desviando el tema. Ya dime.
Ahora suspiro.
—Bueno —no recuerdo la última vez que me sentí tan tímida—, Luciano y yo…
Bianca lleva una mano a su boca y chilla con emoción.
—¡Oh, Dios! ¡¿Anoche?! Y por tu sonrisa veo que te fue muy bien.
—¿Bien? —bufo—. Ha sido la mejor experiencia de mi vida. Teníais razón mis tías y tú. Mi felicidad vale la pena y voy a luchar por ella.
—Así se habla —aplaude—. ¡Oh, Dios Mío! Luciano D'Cavalcante está enamorado. Eso es algo que nunca pensé vivir para contarlo.
—Eres demasiado dramática, Bianca.
—Así soy yo y así me quieres.
—¡Qué remedio! —bromeo—. Aunque sigo pensando que deberías haber estudiado actuación.
Luego de reír por unos minutos se pone seria.
—Sobre los sucesos de hace dos días…
— Estoy bien —aseguro con toda honestidad—. Solo me dañó físicamente.
—¡Y vaya que te apaleó! —el enfado asoma su expresión—. Detrás de ese maquillaje escondes buenos moretones. Anoche los vi, estás llena de ellos. Sin embargo, pareces como nueva.
—Estoy como nueva —reafirmo—. La medicina de papá es prodigiosa.
—¡Claro! —por su tono sé que soltará una de las suyas—. Y si la mezclas con las inyecciones de Luciano es el remedio perfecto, ¿no?
Río una vez más por sus ocurrencias.
—Mejor vamos a desayunar. Estoy famélica.
—No vas a estarlo —continúa con su actitud—. Con toda la actividad de anoche.
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Pasión y Poder
RomantikCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
