El teléfono ha sonado varias veces. Sin embargo, Bruno no hace más que ignorarlo.
—¿No vas a contestar? —Decido romper el silencio instaurado en el auto. El viaje a casa se está convirtiendo en una agonía.
—No —espeta secamente.
—Alda tampoco sabía nada —aclaro—. Eres consciente de ello, ¿verdad?
Asiente en respuesta.
—Lo sé. Solo... —tomo su mano libre del volante. Él se concentra en respirar profundamente para no venirse abajo—, no puedo, ahora no.
—Entiendo, más de lo que crees.
Bruno se gira a observarme por un instante. Sabe perfectamente a lo que me refiero. Sus palabras en el aeropuerto lo confirman.
—¿Dejaré de sentirme así algún día? —Su pregunta es prácticamente una súplica—. ¿Mejorará?
—No —respondo apesadumbrada—, pero aprenderás a vivir con ello... eventualmente. Tu caso es diferente —me apresuro en añadir—. Ella te quiere. Aún tienes motivos para luchar. Debemos pensar lo que haremos con la cabeza fría. Hasta entonces trata de actuar con cautela, ¿vale?
No responde, pero su resoplido me indica que lo hará.
Su móvil vuelve a sonar, pero no es Alda sino mi padre.
Frunzo el ceño observando su nombre en la pantalla.
<<Este misterio me está hartando.>>
—Ponlo en altavoz —ordeno.
—Rina...
—¡Estoy harta del misterio que os traéis entre manos! —Le interrumpo alzando la voz—. Entre nosotros nunca ha habido secretos, Bruno y tarde o temprano me enteraré. Así que contesta la llamada. Puede ser importante y quiero escuchar.
Un Carlo Varone muy alterado habla al descolgar:
—¿Qué hay entre Alda Costello y tú? —Pregunta antes de que alguno pueda hablar.
Su tono de voz suena serio, incluso, parece bastante afligido. Algo muy extraño viniendo de él.
—Yo...
No hace falta que mi primo termine la frase para saber la respuesta.
—¡Dios mío, Bruno! —Exclama mi padre—. Esta supera todas tus locuras, ¡con creces!
—¿Qué se supone que debo hacer, tío? —Pregunta mi hermano confundido. Aunque tenga un nivel de madurez bastante alto para su edad, no deja de ser un adolescente.
—¡Y yo qué sé! —Bufa mi padre—. ¿Tenía que ser precisamente Alda Costello?
—Lo... siento —Susurra el pequeño Varone.
—Por ahora solo queda esperar —Intervengo—. Ya pensaremos en algo, ¿verdad, papá? Hola, por cierto —le saludo sarcásticamente—. Me alegra saber que continúas en el mundo de los vivos. No es que hayas dado alguna señal de vida estos días.
—¡Catarina Russo! —Exclama en tono neutro—. No me gusta nada tu tono. Ten más respeto con tu padre. En cuanto a ti, Bruno, ve por ella —suaviza un poco su tono—. Sé que me arrepentiré de esto, así que mejor date prisa.
—Déjame en esta esquina, Bruno —señalo el lugar. Ya estamos a una cuadra del edificio. Él me mira dubitativo—. No te preocupes, estoy muy cerca. Ve por ella. Papá —tomo el teléfono quitando el altavoz—, tú y yo tenemos una conversación pendiente.
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Pasión y Poder
RomansCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
