24 de abril de 2018
—Definitivamente, tiene algo dentro —confirma el sujeto—. Si quiere conservar el dije intacto, me llevará un tiempo.
—¿Cuánto? —pregunto puesto que por supuesto que quiero conservar el colgante.
—Media hora.
—Nos sentaremos a esperar —indico el sofá frente a él y me siento junto a mi mejor amiga.
Por lo que parecen horas permanecemos ahí en silencio. Mi móvil suena y al ver el nombre en la pantalla, desvío la llamada al buzón.
—Es Luciano —señala Bianca como si yo no lo supiera.
—Sé leer —respondo cortante.
—Es la tercera vez que llama en la mañana.
—Bianca...
—¿Me contarás lo que sucedió ayer?
—Ya lo he hecho —contesto resoplando. Bianca Varone es incapaz de aceptar una respuesta negativa.
—Ambas sabemos que me dijiste la verdad a medias —no se baja de sus trece. Debía imaginarlo. Simplemente no puedo ocultarle nada—. Debe haber un motivo muy poderoso para que decidieras dejarle como si entre vosotros no hubiera pasado nada.
—No quiero hablar sobre ello, Bianca —admito mosqueada—. Quizá más adelante... Ahora debo pensar en la mejor forma de alejar a Luciano.
—Lo que sea que inventes, no te creerá.
—Lo hará —aseguro—. Puedo llegar a ser muy convincente.
—Esto terminará mal. Muy mal. Si me cuentas podemos buscar una solución juntas...
—He tomado mi decisión, Bianca —doy el tema por zanjado—. A nadie le dolerá más que a mí.
«A Luciano tal vez», agrega mi subconsciente.
No quiero hacerlo, pero nunca me perdonaría si hiciera lo contrario.
—Aquí está —aparece el joyero—. El colgante intacto y lo que había dentro.
—¿Qué es esto? —pregunto examinando el objeto que me entrega: es un rectángulo negro más pequeño que mis uñas.
—Ni idea —responde mi mejor amiga.
Vuelvo a colocarme la cadena, le entrego la paga —muy generosa— al joyero y nos marchamos. Ahora necesito investigar sobre esta cosa del tamaño de un grano de arroz.
«Y hablar con Luciano...»
Debo hablar con él, pero aun no estoy lista. Decido apagar el teléfono y dirigirme al hospital. Creo que haré turno extra esta noche.
25 de abril de 2018
Llego a la casa a las cinco de la mañana. He trabajado en Urgencias hasta matarme de cansancio. Solo quiero darme una rápida ducha y dormir por una semana.
Sin embargo, mis planes se ven interrumpidos por la presencia de Luciano D'Cavalcante. De más está decir que su piel hierve de la rabia.
—¿Se puede saber qué sucede contigo? Primero ignoras mis llamadas y después apagas el móvil.
«Es ahora o nunca, Rina.»
Llegó el momento y no será nada fácil.
Trago saliva con fuerza antes de hablar:
—Lamento haberte preocupado, Luciano, pero necesitaba pensar.
—¿Pensar? —pasa de la ira a la confusión en un santiamén—. ¿Sobre qué?
Suspiro.
—Nosotros.
—¿Nosotros? —le veo descolocado por primera vez en su vida, pero solo por unos pequeños segundos porque en nada su gesto se ensombrece—. ¿Ya te has cansado de esperar?
—No —mi voz es casi un sollozo—. Créme, Luciano. Si yo te amara de verdad como pensaba estaría dispuesta a esperar por ti toda la vida.
—¿Si me amaras de verdad? ¿Qué mierda se supone que significa eso?
—Desde que te conocí quedé encandilada por ti —comienzo a explicar con la cabeza baja. Si le miro a los ojos no podré hacerlo—. Te convertiste en mi salvador en mi príncipe encantador de cuentos de hadas. Después la historia no resultó como quería: eras mucho mayor que yo, me ignorabas, te casaste... Entonces, te convertiste en un amor imposible. Creo que el hecho de pensar que nunca podría tenerte aumentó mi enamoramiento —él no dice nada. Sinplemente se queda ahí con la vista clavada en mí—. Pero... ahora que te tengo...
—¿El amor se ha esfumado? —termina la frase que yo me siento incapaz de pronunciar. Es en ese momento cuando la primera lágrima cae—. Así sin mas, de la noche a la mañana. ¿En serio piensas que te creo?
—¡Es la verdad!
—Mírame a los ojos —no le obedezco. Si me enfrento a la intensdad de su mirada no podré mentirle. Él lo sabe. Ambos lo sabemos—. ¡Mírame, Catarina! —me obliga a levantar la cabeza con sus fuertes dedos—. Mírame a la cara y dime que no me quieres.
Otra lágrima cae.
«Solo hazlo, Rina.»
«Tienes que hacerlo.»
Cierro los ojos con fuerza para llenarme de valor. Luego clavo mi mirada en la suya
—No puedo hacerlo. Te quiero, Luciano —admito—. Solo que no de la forma que ambos pensábamos —me suelta de golpe como si mi tacto le quemara. Veo el dolor asomar su rostro mientras se levanta del sofá repentinamente. Sabía que solo diciendo la verdad a medias lograría convencerle. Asimismo, sabía que sería demasiado doloroso para ambos—. Lo lamento.
—¿Lo lamentas? —repite mis palabras en un bufido—. ¿Tienes idea de lo que has hecho? ¡Arruinaste todo! —me sacude fuertemente con sus brazos—. La razón me decía que no bajara mis defensas, que no me dejara llevar. Sin embargo, decidí ignorarla. Ahora veo que tenía razón —vuelve a soltarme para examinarme con la mirada. Sus ojos arden de furia... contra mí. No me gusta lo que veo, porque veo odio,—. A fin de cuentas terminé metido hasta el cuello en el juego infantil de una cría con cuerpo de mujer. No intentes volver a disculparte —adivina mis intenciones—. No tienes derecho a hacerlo. Te felicito, eres la única persona que ha intentado jugar con Luciano D'Cavalcante y no solo ha vivido para contarlo... sino que encima lo ha logrado.
Me da la espalda y se marcha sin detenerse, sin mirar atrás.
Sus últimas palabras se clavan en mi pecho como una estaca y me torturan por el resto de la noche.
ESTÁS LEYENDO
Pasión y Poder
RomanceCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
