1 de febrero de 2018
—¿Lo has visto? —Pregunta mi mejor amiga al teléfono.
Suspiro.
—Sí —contesto—, nos hemos encontrado. Ya no viene al edificio con tanta frecuencia como antes.
—¿Y...? —La ansiedad domina sus palabras.
—Como si el tiempo no hubiera pasado —admito—. Su sola presencia continúa perturbándome.
—¿No notaste nada diferente? —insiste.
—¿Sabes? Creo que has escogido la carrera equivocada —comento—. Deberías haber sido periodista, en vez de abogada. La respuesta es sí: ahora lleva un anillo de compromiso en su dedo anular. Es un hombre casado, Bianca.
—No la quiere —aclara.
Lleva años repitiendo esas palabras. Aún siguen sin darme consuelo. Tal vez, si Luciano fuera felizmente casado, yo hubiera podido pasar página hace tiempo.
—Eso no cambia las cosas —confieso.
—Quizá si le dijeras...
—Eso tampoco. Solo haría la situación más incómoda. –hacemos silencio por unos minutos—. Oye, debo dejarte. Papá y Bruno vuelan a Londres. Quiero despedirme.
—Vale. Hablamos luego —Escucho el abrir de la puerta, dejando ver el estupendo cuerpo de Luciano D'Cavalcante—. ¡Te quiero!
—Yo también te quiero —cuelgo para dirigirme hacia Luciano— ¿Nos vamos?
—¿Era Bianca?
Asiento.
—Te envía saludos —comento caminando hacia el auto.
—No solo a mí, imagino.
—Y el premio es para Luciano D'Cavalcante —confirmo sus suposiciones. Por unos minutos, mis pensamientos regresan al pasado—. ¿Recuerdas cuándo nos obligaban a inventar historias para cubrirles? —La nostalgia me invade al recordar esos días—. Los cuatro éramos una especie de clan.
—Todavía lo hago —sonríe nostálgico. Definitivamente, fueron buenos días—. Cada vez se hace más difícil ocultar sus viajes a Estados Unidos.
—No por mucho tiempo —intercedo—. Bianca se gradúa este año. Eres un buen amigo, Luciano —agrego transcurrido un tiempo.
El silencio se instaura en el coche mientras nos acercamos a la pista de despegue. Es algo realmente curioso: solo podemos pronunciar más de dos diálogos cuando mencionamos a nuestros amigos.
—No entiendo tu afán de despedirte —bufa de repente, una vez detiene el coche—. Tú no eres así.
Tomo una gran bocanada de aire.
Tiene razón. Sin embargo, un instinto muy primitivo me ordena hacerlo. Necesito verles.
—No lo sé —admito en un susurro—. Tengo un mal presentimiento.
***
—Mantente alejado de los problemas, por favor —poco me falta para suplicar. Lo envuelvo fuertemente entre mis brazos. Adoro a este chico—. Y medita muy bien tus próximas acciones. Estoy segura de que Alda vale la pena.
Bruno ya ha aceptado sus sentimientos. Es algo más profundo que una simple atracción. Ahora solo debe decidir qué hacer con respecto a la chica. Solo espero que no la deje ir. Realmente me gusta para él.
—Lo mismo digo —le observo confundida ante sus palabras—. Él también vale la pena, Rina.
Me siento contrariada, confusa.
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Pasión y Poder
RomanceCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
