Los invitados van soltando grititos de sorpresa y se separan en grupos conforme Luigi pasa entre ellos sin dejar de disparar con el arma.
—Tenemos un problema, papá —grita ante el rostro impasible del aludido—. Tenemos que salir de aquí.
—¿Por qué? —Pregunta su hermano menor, quien ya se encuentra a una distancia considerable de mí.
—Me he encontrado a Loretta en los lavabos. El yate está a punto de explotar.
<<¡Maldita Loretta!>>
La mayoría de los invitados comienzan a correr despavoridos por el lugar. Nos encontramos a una distancia considerable del puerto, pero la gente no duda en saltar por la borda.
En menos de unos segundos se forma un caos apoteósico. Todo el mundo grita y corre de un lado al otro.
Yo por mi parte saco mi arma con silenciador. Soy consciente de que as cosas se pondrán realmente feas.
De repente alguien aparece detrás de mí y me coge del cuello. Con agilidad me escapo de sus fuertes brazos para darle un puñetazo. Gesto que intenta devolverme. Apunto y no dudo en disparar.
La multitud comienza a mosquearme. Corren sin saber dónde ir y sin dejar de gritar atemorizados.
Mis sentidos me alertan de la presencia de alguien más a mi espalda. Espero a tenerle más cerca. Entonces arremeto dándole a uno de ellos un fuerte golpe en la cabeza. Diviso a otro y le disparo justo en el lado de su corazón. Sin embargo, el primer sujeto se remueve en el suelo queriendo escapar. Clavo mis ojos en los suyos y aprieto el gatillo.
De reojo percibo la mirada de Dante Ferrara en la distancia. Le sonrío y apunto a su pierna. Él no ve venir el disparo.
Me alejo en cuanto le veo caer al suelo retorciéndose de dolor. Al menos eso le retrasará y con un poco de suerte le impedirá escapar.
—Matteo, tiempo —pido visualizando a Loretta entre el tumulto de personas.
—Ocho minutos para la explosión —contesta mi primo.
—Estaré afuera en cinco —informo.
Echo a correr en busca de mi madrastra. Al girar hacia el otro lado alguien me dispara. Resbalo y me escondo. Debo esperar a que el hombre aparezca para atacarle por sorpresa.
Un sicario robusto salta a la vista y le golpeo en la nuca con la culata de mi arma. Se arrodilla y le parto el cuello en un gesto audaz y preciso.
Posteriormente, varios hombres corren hacia mí. Al parecer prefieren perseguirme a salvar sus propias vidas.
Me escondo tras una mesa colocada en la parte exterior del yate. El sonido de las botellas y las copas rompiéndose resuena a mis espaldas. Disparo de uno a uno antes de cambiar el cargador.
—¿Minutos? —pregunto cargando el arma.
—Cinco.
—Más vale que te des prisa, Catarina —advierte Alessandro—. No pienso perderte.
—No lo harás —aseguro—. Solo agrego un poco de emoción al asunto.
No digo nada más. Con pistola en mano continúo hacia la popa agazapada. Apunto hacia Loretta sonriendo. Está algo despeinada y se ha descalzado. Puedo ver restos de sangre en sus pies.
—Hola, mamá.
En ese mismo momento escucho un repetido chasqueo de la lengua detrás, como negando.
Contengo el aliento.
Alguien apunta mi cabeza con una pistola.
Mi madrastra ríe a carcajadas un poco histérica. Incluso aplaude.
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Pasión y Poder
RomanceCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
