15.Calla Rizzo

1.8K 133 24
                                        

Dos semanas han pasado desde la explosión. Alda sigue en manos de nuestros enemigos y no tenemos ninguna noticia de ella.

Dos semanas desde que besé a Luciano y su olor continúa impregnado en mí. Aún puedo sentir su aliento en mi rostro, sus labios acariciando los míos, su lengua invadiendo mi cuerpo. Luciano se ha metido profundamente en todo mi ser.

Sin embargo, el tiempo parece haberse detenido. En el edificio Varone todos nos movemos constantemente de un lado a otro. Podría jurar que ninguno ha pegado ojo en días.

Luciano y yo apenas hemos cruzado palabras en estas semanas. Ni siquiera podemos mirarnos a los ojos. Nos evitamos. Además, él está igual de desesperado que Bruno. Por más que busca no ha encontrado pista alguna del paradero de Alda.

Una vez más me sorprende el vínculo existente entre él y su cuñada. Aquello va más allá de un simple sentido de protección. La quiere, posiblemente más que a cualquier persona. En sus ojos veo amor, desconsuelo y desesperación.

—Mierda, mierda —exclama Bruno.

—¿Qué sucede? ¿Quién era? —Pregunta Luciano. Ambos se encuentran en la habitación del Varone. Yo procedo a entrar, pero ninguno percibe mi presencia aún.

—Calla —contesta. Reconozco ese nombre. Mi hermano lo mencionó el día que hablamos en la terraza—. Calla Rizzo. La conocí en Londres cuando viajé con mi tío. El Turco nos la presentó como Gata. Sabes de lo que es capaz, Luciano. Posiblemente nos ha traicionado —Un escalofrío me recorre el cuerpo—. Mi tío y yo la ayudamos a escapar. Le dejé mi número por si tenía algún problema.

—¿Qué le ha pasado? —Intervengo.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —pregunta mi hermano.

—El suficiente como para escuchar toda la historia. Responde mi pregunta, Bruno.

—Le ha encontrado —contesta—. Siguen en Londres, pero mañana se marchan y no sabe a dónde.

—¿Cuál es el problema? —Inquiero—. Podrías coger el jet y estar allí en unas horas

—Mañana en la noche tengo una reunión —contesta—. Es posible que descubra una pista sobre el paradero de Alda.

—Así que accediste ir a la cita —murmuro. Un viejo amigo del colegio de mis primos afirma tener información sobre la pequeña Costello—. Esto me huele a trampa, Bruno.

—Puede ser, pero debo correr el riesgo. No te preocupes. No iré solo. Los chicos me cubrirán. No soy tonto.

—Entiendo —no puedo detenerle. A mi lado, percibo el enfado de Luciano. Tampoco está de acuerdo con esta cita, pero ha llegado a la misma conclusión que yo.

—Pero no puedo estar en dos lugares al mismo tiempo —continúa explicando mi hermano postizo—. Mierda. Tal vez tú puedas ir, Luciano.

—Lamentablemente no puedo —contesta el aludido—. Massimo está paranoico desde la explosión. Vigila todos nuestros movimientos. No tengo un motivo para volar a Londres. De verdad me gustaría ayudarte, Bruno, pero tengo las manos atadas.

—¡Maldita sea! —Vuelve a maldecir mi hermano—. No confío en nadie más.

—Iré yo —anuncio. Ambos me miran escépticos.

—¡Ni hablar! —el D'Cavalcante salta enseguida.

—No estoy pidiendo permiso, Luciano. Además, ¿tenemos otra opción? Puedo hacerlo perfectamente, lo sabes —él resopla lanzándome cuchillos con la mirada. Para su pesar, debe darme la razón—. Necesito que llames pidiendo los servicios de Calla. Hazle una oferta que no pueda rechazar.

Pasión y PoderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora