9.Duele demasiado

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Bruno nos guía hacia la entrada trasera, que va directo a los laboratorios sin necesidad de transitar por el hospital. Eso me recuerda que todavía no entrego los papeles para comenzar a trabajar aquí. Al llegar al salón principal observamos los cristales extendidos por el piso. Tres hombres inconscientes se encuentran tendidos en el suelo. Con sigilo cada uno nos acercamos a ellos.

Con mis dedos intento palpar el ausente pulso carotídeo del sujeto. Una mancha de sangre con un agujero negro en el medio se extiende por su pecho. Los chicos me hacen señas indicándome que los otros dos sujetos están tan muertos como este.

—¿Son de los nuestros? —Inquiero en un susurro. Ambos asienten—. Tenemos que ir a por mi padre.

Escuchamos el sonido del ascensor y nos lanzamos a escondernos detrás de un mostrador antes de que alguien pueda vernos. En cambio, yo sí puedo verle y su rostro me parece familiar, pero no puedo reconocerle.

Siento a ambos chicos tensarse a mi lado. Ellos también le han visto.

—¿Quién es? —Pregunto al oído de Bruno.

— Luigi Ferrara —sisea antes de que el susodicho dispare hacia nosotros.

Rápidamente nos agachamos para cubrirnos.

Ahora le reconozco. Nunca le conocí en persona, pero sé perfectamente de quién se trata: el hijo mayor de Biagio Ferrara.

—¡Maldito traidor! —Espeta Enzo si alzar la voz y disparando al mismo tiempo.

Asomo lentamente la cabeza para ver al hombre escondido en el pasillo de las escaleras de emergencia.

<<Necesito un señuelo.>>

<<Piensa, Catarina. Piensa.>>

Con una serie de disparos logro acorralarle en una esquina. Mis hermanos solo imitan mis acciones.

Una bala pasa cerca de nosotros y Enzo tira de mí para protegerme.

—No pasa nada, chicos —susurro. Ambos fruncen el ceño a la vez.

—No es la primera vez que disparas, ¿verdad? —La pregunta de Enzo es casi una afirmación y mi silencio lo confirma.

—Necesitamos llegar al ascensor —comento. Me giro contemplando la escena. Entonces veo una lámpara de pared justo encima de Luigi. Es lo suficientemente grande para noquearle si le cae encima. Bajo la vista hacia mi arma. Necesitaré al menos dos disparos para tumbarla—. Chicos, continuad acorralando a Luigi —ordeno—. Y en cuanto os diga corred hacia el ascensor.

—¿Qué pretendes? —Inquiere Bruno.

—Solo confiad en mí —Me pongo completamente de pie y procedo a llevar a cabo mi plan. Acierto con dos disparos. La lámpara cae sobre la cabeza del sujeto, quien se desploma en el suelo al instante—. Ahora, corred.

Una vez estamos todos dentro, marco el último piso, en donde está la oficina de mi padre.

—¡¿Te has vuelto loca?! —Exclama Bruno muy furioso—. Un error y habrías muerto. ¡¿Dónde tenías la cabeza, joder?!

Enzo no dice nada, pero está igual de cabreado que su primo.

—Deberíais saber algo, chicos —señalo mientras recargo mi arma—: Yo nunca fallo.

—Nos debes muchas explicaciones, Rina —sisea Enzo.

—¿Me explicáis vosotros lo que hacéis? —Contrataco. Ellos se mantienen en silencio—. Ya. Eso pensé.

Con extrema cautela y pistola en mano, entramos en la oficina.

Está completamente vacía... a excepción de mi padre.

Pasión y PoderDonde viven las historias. Descúbrelo ahora