28 de mayo de 2018
Las lágrimas salen sin cesar. Ni siquiera intento detenerlas. Cada vez que el látigo penetra contra la piel, siento mi alma desgarrarse. Es peor que si me lo hiciesen a mí. Ver a mi hermano pequeño ser torturado, es la escena más dolorosa que he presenciado jamás. Su cuerpo ensangrentado, la piel desgarrada, sus labios sellados intentando ocultar el dolor... Sin embargo, sus ojos no pueden mentirme: está sufriendo.
Cierro los ojos al escuchar un gemido suyo. Enzo comienza a quebrarse.
—Realmente me sorprendes, Rina —alude Fabrizio—. Primero te rehúsas a cumplir mis peticiones, teniendo en cuenta mis amenazas. Y ahora permaneces callada, mientras observas a quien llamas tu hermano pequeño, ser fuertemente torturado. Estoy comenzando a cuestionarme si de verdad te importa la familia.
—¿Qué sabrá alguien como tú de familia? —Hablo por primera vez en más de veinticuatro horas—. Tú que no dudaste en apuñalar a los tuyos por la espalada. ¿Cómo te atreves a cuestionarme, cuando el chico al que torturáis fue criado por ti? ¿Cómo eres capaz siquiera de mirarle a los ojos? Por años le llamaste hijo, y él te quiso como un padre.
—Es diferente —alega el Varone—. Yo no tengo escrúpulos. Pensaba que tú sí. ¿Los tienes?
No respondo. Vuelvo a mi voto de silencio. Es lo mejor por ahora.
»Creo que nos estás incitando a descubrir la respuesta por nosotros mismos. ¿Qué piensas, Dante?
—Estoy completamente de acuerdo contigo, Fabrizio —responde el aludido.
—Entonces, continuemos.
Seguidamente, los azotes reinician. Esta vez, con mayor intensidad.
«Perdóname, Enzo.»
29 de mayo de 2018
—¿Qué haces? —Pregunta Enzo con voz débil. Nos han dado unas horas de descanso. Cesaron la tortura antes de que mi hermano se desmayara. No tendría sentido hacerlo con él inconsciente.
—Cuento —respondo.
—¿Cuentas? ¿Qué es lo que cuentas?
—Tiempo. Y según mis cálculos, llevamos alrededor de dos días aquí.
—¿Crees que nos encontrarán? —Inquiere dubitativo. Volteo a contemplarle. Un chico de su edad no debería pasar por situaciones como estas. Con dieciocho años, solo debería preocuparse por las chicas y los estudios. Nuevamente, debo recordarme que ni Enzo, ni el resto, son chicos normales y corrientes de dieciocho años. Cuando perteneces a la mafia, hay cosas que superan la edad, la familia, el amor.
—Confía en mí —pido—. No existe agujero en el que los Ferrara y Fabrizio puedan esconderse de Alessandro Varone y Luciano D'Cavalcante. Nos encontrarán, Enzo —reafirmo. Sé que necesita escucharlo de mis labios.
—¿Lo harán a tiempo? —Duda.
—Lo siento, Enzo —prácticamente sollozo—. Pero si les doy lo que quieren, entonces, ambos moriremos.
—Lo sé —acompaña sus palabras con un asentimiento—. Descuida, no lloraré como nenita por unos simples rasguños. Ni siquiera escuecen.
—Es bueno saberlo —él intenta bromear y yo intento sonreír—. Eres mi hermano, Enzo. Te quiero, no lo dudes.
—Jamás lo he puesto en duda —asegura—. Yo también te quiero.
30 de mayo de 2018
—Me estoy cansando, Rina —anuncia molesto—. Te lo preguntaré una vez más. ¿Qué relación existe entre Massimo Costello y tú? —Mi respuesta es la misma de siempre: silencio—. ¡Me cago en la puta...! —Maldice en voz alta—. Hasta aquí llega mi buena voluntad. Soltad al chico y atadlo a la silla —ordena, mientras se acerca a mi oído—. Estás acabada. Las contemplaciones han acabado.
ESTÁS LEYENDO
Pasión y Poder
RomanceCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
