Sentados en el salón reímos con las ocurrencias de mi mejor amiga. Justo como en los viejos tiempos. Incluso Luciano de vez en cuando deja ver un atisbo de sonrisa. Puedo sentir su mirada fija en mí, mientras Bianca no deja de parlotear.
—Bueno, debemos irnos —anuncia el susodicho—. Vosotras tendréis que poneros al día.
Luciano y yo nos alejamos para dejar que Camillo y Bianca se despidan. No decimos una palabra, solo nos miramos en una posición muy cómoda.
Sin darme cuenta un suspiro se me escapa de los labios. Solo desvío la mirada de sus ojos para posarla en su boca.
—¿Tuviste algún problema para escapar con Calla? —Pregunta demasiado bajo que apenas alcanzo a escucharle.
—No —respondo a secas en el mismo tono. Su sola presencia me hipnotiza. Ya no percibo esa acostumbrada tensión. Ahora todo es… cómodo. Se siente demasiado bien.
—¿Qué hay del Turco?
—A esta hora se debe estar enterando que ha perdido a sus dos joyas más valiosas —hace una mueca de desagrado—. Ya ves que mi plan no era tan loco.
—Eso no significa que me haya agradado la idea —repone.
—Estoy bien, Luciano y Calla también. A estas alturas deberías haberte hecho a la idea de que puedo protegerme…, y proteger a los demás.
—Eso no quiere decir que deje de cuidarte, Catarina —sus palabras me toman por sorpresa—. No puedes impedir que me preocupe por ti.
Su respuesta y la intensidad de su mirada me dejan helada. Me dispongo a contestarle cuando la voz de Camillo nos interrumpe:
—¿Nos vamos?
—Sí —contesta, adoptando su actitud habitual—. Adiós, Bianca. Catarina...
—Luciano —me acerco y beso su mejilla, algo que se ha vuelto parte de nuestras despedidas—. Nunca te lo impediría —le susurro al oído, solo para que él escuche.
—Tienes mucho que contarme —es una exigencia. Así es Bianca Varone. Sin preámbulos me toma del brazo, arrastrándome hacia la habitación.
—Vale, te contaré —acepto sin muchas opciones—. Pero antes me daré un baño. Necesito quitarme esta ropa.
—¡Venga! —Bufa—. Deberías ponerte más vestidos como ese. Luciano no te quitaba los ojos de encima.
Niego con la cabeza mientras sonrío.
—Ay, Bianca. No cambias.
—Por supuesto que no. Además, ¿qué sería de ti sin mí?
—Es bueno tenerte de vuelta.
31 de marzo de 2018
Entro al comedor junto a Bianca y Calla. Esta última se está adaptando muy bien a la familia. Intentamos no dejarla sola —tiene un largo camino que recorrer para pasar página— en ningún momento. Aunque la mayoría del tiempo disfruta de la compañía de mi primo Matteo. Se han vuelto muy cercanos.
Es sábado por la noche y Gabriella y Beatrice quieren hacer una cena especial. Con "especial" me refiero a que decidieron meterse en la cocina. Esto augura a un desastre. Nella cocinó la guarnición, pero ellas hicieron el plato fuerte.
—No pruebes el asado, Calla —susurra Enzo, aunque el resto alcanzamos a escucharle.
—¿Por qué? —Pregunta la muchacha confundida. Aún no prueba las dotes culinarias de las mujeres Varone.
—Tú solo confía en mí —mi hermano responde con su característica picardía y le guiña el ojo.
—Lorenzo —le llama su madre desde la mesa. Por su tono debe haberle escuchado—. Siéntate, cariño. He mandado reservar la mejor parte del pavo para ti.
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Pasión y Poder
RomanceCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
