39.Una oportuna retirada

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27 de mayo de 2018

—¿Por qué? —Pregunto por enésima vez. No quiero ocultarme. No quiero permanecer sentada, esperando el final. Siempre imaginé que estaría al frente de la ofensiva.

—¿Necesito repetirlo? —Contraataca con su actitud impertérrita de siempre—. Estoy cabreado, Catarina y no deseo desquitarme contigo.

—Pero...

—¡Joder! Ni siquiera deberías montarte en ese auto —maldice en voz alta. Luego resopla intentando aplacarse—. La ginecóloga te estará esperando en el búnker. Allí permanecerás en absoluto reposo —desvío la mirada de la suya y me cruzo de brazos—. Hey —con sus dedos en mi barbilla, me hace mirarle nuevamente—. Un buen soldado sabe cuando es tiempo de retirarse. Y tú eres una agente bien entrenada. Habrá otras batallas que librar y otros enemigos que aniquilar. Ahora necesitas permanecer a salvo... por nuestro bebé.

«Eso es un golpe bajo.»

—¿Me aseguras que no intentarás alejarme del fuego cruzado, la póxima vez? —Indago entrecerrando los ojos.

—¡Por supuesto que no! —Bufa y yo resoplo—. Siempre intentaré protegerte y alejarte del peligro. Pero la próxima vez —no me deja replicar—tendrás argumentos sólidos para imponer tu voluntad.

—Siempre cuidas las espaldas de los demás —mi resoplido prácticamente suena como un reproche—. ¿Y quién te protege a ti?

Luciano coloca sus manos en mis mejillas y pega su frente a la mía.

—Tengo buenos respaldos —señala a la familia y a su segundo, unos instantes. Luego vuleve a su posición anterior—. Somos un equipo; nos cuidamos los unos a los otros —me roba un beso arrebatador—. Estaré bien —afirma golpeando mi rostro con su aliento—. Solo asegúrate de salvaguardar a nuestro hijo.

—O hija —añado—. Puede ser niña.

—Sinceramente, espero que no —replica—. Las mujeres D'Cavalcante terminaríais por acabar conmigo.

«No soy una D'Cavalcante.»

—¿Hablábais de mí? —Alda aparece en acción, interrumpiendo mi protesta.

—No precisamente —contesta Luciano, quien se separa de mí, a tiempo para recibir el abrazo de su hermana.

—Cuídate, por favor —ambos transmiten tantos sentimientos en ese fraternal abrazo, que logran estremecerme debido a las sensaciones que me provocan. Ahora que la verdad salió a la luz, comprendo todo... Cada acción de Luciano, durante la última década, ha sido para salvaguardar a su hermana. Detrás de esa máscara de frialdad, se esconde el más puro y primitivo de los sentimientos. Si alguien sabe amar en este mundo, ese es Luciano D'Cavalcante.

—Lo mismo va para ti —repone el mismo—. Feliz cumpleaños, cariño —se separa de Alda lo justo para acogerme con su brazo libre y el abrazo de dos se convierte en uno de tres—. Sois mi vida. No lo olvidéis.

—Y tú la nuestra —beso sus labios fugazmente—. Más te vale regresar en una pieza, Luciano D'Cavalcante —advierto, señalándole con mi dedo índice—. Los tres te necesitamos.

—Nuestra promesa sigue en pie —anuncia—. ¿Lo recuerdas?

Diré lo que tú me has repetido incontables veces —en esta ocasión, soy yo quien besa sus manos—. No pienso ir a ningún lado; ni el bebé tampoco.

—¿Es eso una promesa?

—Solo si tú haces lo mismo. Promete que no me dejarás.

Él asiente—. ¿Trato?

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