31 de mayo de 2018
«Despierta.»
«Rina.»
«Despierta.»
Lentamente abro los ojos. Me toma unos cuantos minutos recuperar el sentido y comprender la situación. Aunque la sorpresa es enorme, al toparme con el rostro de Massimo Costello.
Jamás me imaginé un escenario de este tipo: Massimo Costello acudiendo a mi rescate.
—¿Estás bien? —Inquiere Enzo, terminando de desatar mis piernas.
—Sí —asiento. Luego apunto hacia Massimo—. ¿Qué hace él aquí?
—Salvando tu trasero —interviene el aludido—. Venga. Daos prisa. No tenemos mucho tiempo.
—¿Por qué deberíamos seguirte? —Pregunto—. ¿Por qué siquiera desearías ayudarnos?
—¿Mis acciones no responden tus preguntas por sí mismas? —Repone—. He cumplido todas tus peticiones, siquiera he rebatido alguna exigencia tuya. Eres mi hija.
El lugar donde estamos encerrados carece de luz. Sin embargo, puedo percibir el rostro resplandeciente de Massimo Costello; como si se sintiera a gusto con su afirmación; como si estuviera orgulloso de compartir su sangre conmigo.
—Solo tengo un padre —replico, retándole con la mirada—: Carlo Varone. Y tú le mataste.
—No lo sabía...
—Si lo hubieras sabido —le interrumpo—, ¿hubiera hecho alguna diferencia?
Asombrosamente, le veo dudar con mi pregunta.
«¿Quién eres, Massimo Costello?»
«¿Queda algo salvable de ti?»
Es como si el hombre tuviera dos caras.
—La plática me parece encantadora —Enzo le impide responder—, pero deberíais continuarla una vez estemos fuera de este lugar.
—No confías en mí —alude Massimo—. Es comprensible. Sin embargo, soy tu única posibilidad de supervivencia. ¿Qué tienes que perder?
—De acuerdo —claudico—. Lidera el camino, Massimo.
—El cambio de guardia termina en cinco minutos —anuncia observando su reloj—. Si no salimos de aquí antes de que suceda, estamos muertos. Caminad detrás de mí. Solo tengo un arma.
—Eso no será problema —declaro. Rápidamente, derribo al guardia de la puerta con la ayuda del Costello y tomo su pistola—. Pan comido.
—Has sido bien entrenada —comenta Massimo.
Nos escondemos detrás de una pared, al ver venir un esbirro hacia nosotros.
—Ahórrate la mierda de padre orgulloso —espeto. Espero a que el hombre de Fabrizio se acerque lo suficiente y le noqueo de un certero golpe con la culata de la pistola.
—La habría hecho —repone mientras caminamos hacia otra puerta. Este lugar es un jodido laberinto.Volteo a mirarle, descolocada: no entiendo a qué se refiere—. Respondiendo a tu pregunta, estoy seguro de que hubiera actuado diferente —él se coloca en un extremo de la puerta y mi hermano y yo en el otro—. Tu madre ha sido la única mujer que he amado en toda mi vida.
Debo recordarme que detrás de la puerta hay alrededor de tres hombre para no reír a carcajadas—. La dejaste hundirse en el mundo de la perdición hasta la muerte —indico con tono de reproche—. Permíteme que lo dude.
Sigilosamente, abro la puerta y entre los tres, nos deshacemos de cuatro guardias. Enzo se encuentra herido debido a las torturas, pero muestra más fuerza que nunca.
ESTÁS LEYENDO
Pasión y Poder
RomanceCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
