—No puedo hacer nada para que cambies de opinión, ¿cierto?
—Sabes que no. Yo pude ser ella, Luciano.
—Afortunadamente no —comenta haciendo una mueca de disgusto.
—Porque llegaste tú. Tú llegaste a tiempo. Si no hubieras aparecido aquel día... probablemente tendría el mismo destino que Calla. Quiero hacer por ella lo que un día tú hiciste por mí.
Resopla por enésima vez, mientras el piloto nos avisa que está listo para despegar.
—No te preocupes —añado—. Estaré bien.
Le doy un beso en la mejilla y me alejo. De pronto siento cómo me toma del brazo y me empuja hacia él con brusquedad. Me mira con fijeza a los ojos mientras yo me quedo inmóvil.
Soy incapaz de reaccionar en este momento. Su siguiente movimiento no lo veo venir.
Luciano me coge por la nuca y acerca su boca a la mía. Me acaricia con sus labios y yo ahogo un gemido en su boca; dando paso a su lengua que me tortura sin piedad. Es un beso ardiente, pasional. Ya ni siquiera siento mis piernas. No se separa hasta que me deja sin poder respirar y con los labios hinchados. Nos miramos fijamente mientras el único sonido que se escucha es el de nuestra agitada respiración.
—Dos días —dice con voz firme y ronca. Jamás había escuchado ese tono en él, aunque no deja de ser autoritario—. Tienes dos días para regresar en una sola pieza, Catarina.
—Vale —es todo cuanto puedo decir.
—No puedo irme contigo —la voz de Calla me saca de mis pensamientos—. No sé quién eres. Además, El Turco jamás dejará de buscarme.
—Catarina, mi nombre es Catarina. No confías en mí y lo entiendo. Tal vez debería contarte quien soy —suspiro antes de comenzar—. Mi madre me abandonó al nacer, por lo que fui criada por mi abuela. Nunca supe nada de ella, excepto que era una prostituta y adicta a las drogas. Yo era el fruto de una relación con uno de sus clientes —Calla abre los ojos como platos—. Nunca la oí mentar, hasta que cumplí catorce —un escalofrío me recorre ante el recuerdo—. El mismo día que los cumplía, un hombre entró en mi casa. Ese fue el primer Tarkan Arap que conocí. Reclamaba un dinero que supuestamente mi madre le debía. Al ver que no teníamos nada de valor —hago una pausa. A pesar de todos los años que han pasado, me es difícil contar mi historia—, asesinó a mi abuela delante de mí y me llevó con él. Menudo regalo de cumpleaños. ¿No crees? Podrás imaginar lo que vino después.
Ella asiente. Lo ha vivido en carne propia.
—¿Cómo… cómo te saliste de ello? —murmura con cautela, temerosa de hacer la pregunta.
Sonrío.
—Alguien me salvó —la expresión de sorpresa asoma su rostro—, como mismo yo pretendo hacer hoy contigo... si me dejas.
—Yo... yo... —duda aterrada.
—Sé lo que sientes, Calla. Solamente alguien que ha vivido lo mismo que tú puede entenderlo. Sé cómo es ser mirada con lujuria, con perversión. Sé el asco que te produce ser manoseada, tratada como objeto y ser vendida al mejor postor.
El silencio se instaura unos minutos. Es Calla quien decide romperlo:
—¿Qué pasó luego?
—Conocí a los Varone —sonrío al recordar—. Carlo Varone me adoptó.
—Lo conocí... Escuché de Tarkan que murió... ¿Es cierto?
—Sí —una lágrima se me escapa y no la aparto—. No tienes que confiar en mí, confía en él, en mi primo Bruno y en su decisión de haberme mandado a por ti. Solo tú puedes tomar tus propias decisiones, pero te puedo asegurar que hay una vida más allá de toda la mierda que has vivido. Yo soy la prueba viviente.
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Pasión y Poder
RomansCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
