Salgo de la habitación de mi primo como alma que lleva el diablo después de encontrármela completamente vacía.
¡Maldito cabezota! ¡Joder, que ayer se estaba muriendo! ¿Cómo se le ocurre haberse levantado siquiera de la cama.
—¿Dónde está Bruno? —irrumpo en medio del comedor, en donde se encuentran reunidas casi todas las mujeres de la familia.
—Se ha ido al hospital —responde su novia. Alda durmió en el edificio anoche—. No pude convencerle. Ya sabes cómo es.
—¡Me va a escuchar! —salgo rumbo al hospital maldiciendo en voz alta—. ¡Ningún paciente mío se levanta de la cama sin mi permiso!
—Es Bruno Varone —replica Bianca. Las mujeres de la casa se disponen a seguirme, pues al parecer todas me estaban esperando para ir a ver a mi tío Alessandro.
—¡Así sea el mismísimo emperador!
Cada vez estoy más furiosa. Soy consciente de que mi primo debe estar casi recuperado del todo gracias al medicamento de mi padre, pero apenas ayer estuvo a punto de morir. No puedo dejarle ir sin comprobarlo con mis propios ojos.
Tía Gabriella secunda mis palabras. También está enojada. Menuda regañina les espera a su hijo y a su esposo.
Al llegar a la habitación de mi tío, una enfermera me avisa que un montón hombres se han reunido allí.
—Esperadme aquí —pido a las mujeres—. Después os cederé el turno —abro la puerta y el cuarto se queda en absoluto silencio. Incluso Luciano se encuentra presente—. ¿Interrumpo? La verdad no me importa —no les dejo hablar—. Bruno, me alegra ver que estás bien, pero la próxima vez, espera a que te dé el alta médica para salir.
—Por supuesto —bufa en claro desacuerdo.
—Lo harás —aseguro—, o me veré obligada a utilizar otros métodos no muy ortodoxos.
—No serías capaz.
—No me tientes, primito —enarco una ceja en una evidente amenaza, consiguiendo intimidarle—. En cuanto a ti, tío, alégrate de saber que te encuentras fuera de peligro. Esta vez corriste con suerte, aunque tu pierna derecha no puede decir lo mismo —ironías de la vida: mi tío tiene casi la misma herida que le hice a Dante Ferrara en la pierna contraria.
Tomo el objeto de madera fina —lo mandé a hacer en la madrugada y me lo trajeron bien temprano. La eficiencia del ebanista fue bastante costosa— y lo extiendo hacia él
—Conoce a tu nuevo mejor amigo: el bastón. Estas son las consecuencias de vuestros actos. Solo espero que estéis contentos de vuestra maravillosa proeza —miro a cada uno de los presentes. Me detengo en Luciano por unos instantes al ver que disimula una sonrisa. Está disfrutando de la escena tanto o más que yo— y de que haya valido la pena. No me deis explicaciones —detengo sus protestas a tiempo—. Guardáosla para vuestras esposas y vuestras madres. Ahora, os voy a pedir que os marchéis —aunque más bien les ordeno—. Solo se permite un acompañante por paciente —todos se quedan estupefactos—. He dicho «ahora».
El abuelo es el primero en levantarse y el resto no tarda en seguirle. Escucho a más de uno refunfuñar por lo bajo. Luciano me sonríe al pasar por mi lado y rosa su mano con la mía. Automáticamente le devuelvo el gesto.
—No tan rápido, Bruno —le detengo antes de llegar a la puerta—. Tú te quedas.
Cierro la puerta y procedo a examinar a mi tío. La herida luce perfecta.
—Eres una Varone de la cabeza a los pies —Alessandro interrumpe mis preguntas rutinarias.
—¿Cómo va el dolor? —ignoro su comentario.
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Pasión y Poder
RomanceCatarina se enamoró de Luciano desde el día en que él la rescató de la muerte, pero la diferencia de edad, un matrimonio arreglado y la organización a la que pertenecen, siempre le ha impedido confesar ese amor, convirtiéndolo en su más grande secre...
