IV

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Para tratarse de guerreros entrenados desde el día de su nacimiento con control sobre todas las armas manuales a las que la teníamos acceso, reconocía que la seguridad que rodeaba la torre de Polis podría mejorar bastante, más tratándose del lugar en el que la misma Comandante, quienes nos enfrentaríamos en el Cónclave cuando el momento llegara y los embajadores de todos los clanes pasaban gran parte del tiempo.

No fue nada complicado escabullirme a nuestra habitación en la torre, aunque pudo haber sido un camino mucho más sencillo de no haber tenido la mirada asesina de Chantria encima mío todo el tiempo y alguno que otro murmullo en el que expresaba lo molesta que estaba conmigo por haber decidido ayudar a un grupo de desconocidos a salvar a su amigo moribundo, aparte de su evidente preocupación por lo que Lexa fuera a hacernos o decirnos después de nuestra ausencia en éste último par de días.

Después de haber engañado a los pocos guardias que habían en cada piso de la torre, llegamos al lugar que Chantria y yo compartíamos para dormir cada noche. Tomé el pomo de la puerta y abrí esta con cuidado, entrando de la manera más sigilosa que pude y con Chantria imitando mis acciones.

—¿Ves? —le pregunté con un tono ligero, posicionándome frente a ella—, recorrimos todo el bosque, todo Polis y Lexa no está por ninguna parte, estoy segura de que tendrá cosas más importantes qué hacer y, lo que sea que quiera decirnos, podrá esperar.

Sin prestarle demasiada atención a mi comentario, me di cuenta de cómo Chantria tensaba su mandíbula con la vista perdida por encima de mi hombro. Cerré los ojos al tiempo que soltaba un quejido, dándome la media con lentitud y observando a Lexa sentada en mi cama manipulando la daga que siempre llevaba.

—Tal vez lo que tengas que hacer es revisar el lugar antes de hablar, ¿no te parece?

—Gran consejo —le respondí con un tono sarcástico mientras me erguía.

Quería darle a entender que, sin importar lo que fuera a decirnos, yo no me arrepentiría de mis decisiones.

—¿Están conscientes de que se perdieron los entrenamientos de los últimos dos días? —preguntó con voz seca, apoyando la punta de la daga en mi cama sosteniendo el arma del mango sólo con el dedo índice.

—¿Y qué? ¿También nos perdimos el seminario?

Chantria seguía detrás mío, demasiado atónita y preocupada como para decir una palabra; pero sentí cómo se acercaba un poco más a mí para hablarme al oído.

—No hacemos seminarios

Sin quitar mi vista de la figura de Lexa, ladeé levemente mi cabeza para hablarle y que pudiera entenderme.

—Lo sé —le respondí encogiéndome de hombros—, pero no puedes negar que es una palabra interesante, estoy intentando sonar imponente.

Pasaron unos segundos sin que Lexa, Chantria o yo dijéramos una palabra, y era terriblemente incómodo. Sabía que Lexa lo estaba haciendo a propósito para que, cualquier cosa que fuera a decirnos, nos tomara desprevenidas y ella tuviera la ventaja en la discusión que podría tomar lugar.

—¿Dónde estaban? —preguntó, sin cambiar de posición o la expresión en su cara.

Sentí cómo la respiración de Chantria se aceleraba a cada segundo que pasaba. Tragué saliva, sabía muy bien cómo reaccionaba cuando estaba nerviosa y también sabía que no faltaba demasiado para que le contara a Lexa todo lo que había hecho los dos días que no estuvimos bajo su supervisión. Cerré los puños, no quedaba demasiado por hacer mas que esperar a que Chantria hablara y yo me llevara la culpa que, desde un principio, había sido mía.

—Fue idea de Emlyn, yo no quería ir pero al final me convenció de ir al lago. Sólo pasamos a recoger algas acuáticas, pero tres de los invasores llegaron a donde estábamos y tuvimos que ocultarnos y después vimos que había niebla ácida y corrimos y nos ocultamos en una cueva y pasamos toda la noche ahí y cuando la niebla desapareció nos topamos con los mismos tres invasores y Emlyn les dio las algas que había recogido sólo para salvar la vida de uno de los suyos.

MY BLOOD | jasper jordanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora