XI

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Después de que Jasper hizo explotar el puente yo no me atreví a decirle una palabra o un gesto más que aquella sonrisa que él aún alcanzó a ver. Estaba esperando que regresara a su campamento y disfrutara de todos los ánimos y golpes amistosos que, sin duda, los suyos le dirigirían después de haber sido él quien tuvo la idea y la llevó a cabo. Yo, por el otro lado, comencé mi camino de regreso a Polis antes de que el sol se ocultara por detrás de las montañas, sabía que no tenía lugar en la celebración que se llevaría a cabo en el campamento.

La noche había caído por completo una vez que pude visualizar la silueta de la gran torre alzarse frente a mí. Crucé por toda la capital, adentrándome con decisión y sigilo a la estructura. La luna hizo su aparición en el cielo desde hace algunas horas, hubiera sido raro ver luz en los pisos de la ventana indicando que alguien había ignorado la hora de dormir. Tan centrada estaba en dichas ideas que no me detuve a verificar si sería cierto; en su lugar, cuando quise cruzar por la sala del trono, las antorchas iluminando gran parte de esta y la voz de Chantria llamarme me detuvieron en mi camino.

—¿Emlyn?

Tenía días sin escuchar su voz, tiempo que no estaba cerca de ella que, en lugar de molestarme por haberme delatado, no pude evitar ser la dueña de una ligera sonrisa de alivio.

Pero no estaba sola. En el salón principal había varias personas reunidas: algunos embajadores de ciertos clanes, Arnav, Chantria y, por su puesto, nada podría llevarse a cabo sin la presencia de Lexa. Al escuchar a Chantria hablar todos quienes estaban concentrados en los próximos planes alzaron su mirada hacia mí; incluido Arnav quien, al darse cuenta de que mi ausencia de algunos días no había sido más que eso, hizo una mueca que no se interesó en ocultar.

Pasó poco tiempo para que la gente decidiera que mi presencia no era la prioridad de la reunión y Lexa fue la primera en retomar la palabra dirigiéndose a mí.

—Ven –pidió haciendo un ademán con su barbilla para que me acercara hacia donde ella estaba—, tenemos una idea para hacerles frente a los invasores.

No iba a preguntarme dónde había estado o qué cosas hice los días que estuve lejos de la capital, aunque no me sentía ofendida por eso; al contrario la sensación de alivio me hizo relajar todo mi cuerpo. Lexa no era el tipo de persona que bombardeaba con preguntas y admitir que conviví con uno de los que ella consideraba invasores no sería lo más sensato estando en mi posición.

—¿Cuál es el plan? —pregunté, más por obligación que por genuina curiosidad.

Fuera lo que fuera, no podía significar nada bueno para Jasper.

—Trescientos guerreros —dijo Lexa sin más—. Irán directo hacia la nave en la que cayeron y atacaran sin dudarlo.

El alivio se vio brutalmente interrumpido por los nervios que llegaron a mí con fuerza. Tragué saliva y me aferré a la mesa para que mis acciones no me delataran. Todos a mi alrededor asintieron con la cabeza, murmuraron y comenzaron conversaciones entre ellos. De no haber tenido a Chantria a un lado mío hubiera colapsado.

—¿Dónde estuviste? —preguntó en un susurro.

No era difícil saber que ella no compartía las características de Lexa. Chantria era una persona curiosa y era evidente que, tarde o temprano, me iría a preguntar sobre mi paradero.

—Estuve haciendo algunas cosas en el territorio de mi clan.

Y era evidente que yo no le iba a contar toda la verdad.

Después de castigarme a mí misma por no decirle la verdad a la persona a quien más confianza le tenía el en mundo los murmullos del ambiente cesaron al momento en el que Lexa alzó la palma de su mano para que así fuera. Segundos pasaron y lo siguiente que hizo fue dirigirnos la mirada a Arnav, Chantria y a mí para preguntar con voz impasible.

MY BLOOD | jasper jordanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora