XXXVII

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Era extraño encontrar cierta comodidad y frescura en lo rígido y álgido de la celda en la que había terminado. Pocas horas después de que me encerraran descubrí lo revitalizante que era recostarme de lleno en el suelo y apoyar mis piernas en la pared. Existía una cantidad considerable de personas en aquel lúgubre y estresante lugar, lo que provocaba que el clima frío no llegara de lleno a nosotros. Además, la manera en la que, de pronto, todos comenzaron a aglomerarse a los bordes de la celda para ver lo que, en aquel momento, ocurría fuera de ella, generó de inmediato más calor del que alguna vez habría contemplado.

No tuve que hacer nada para darme cuenta de lo que todos tenían intenciones de observar, sólo bastó con un giro de mi cabeza aún estando recostada para que mis ojos se fijaran en un desfile liderado por Pike y Bellamy que se hizo paso con fervor por toda Arkadia, nadie dejaba de mirarlos, nadie se atrevía a colarse en su paso, nadie se esforzaba por disimular la sorpresa en sus miradas ante lo que estaban observando y, a decir vedad, yo fui una de esas personas.

Sangre en lo que vestían, diminutas gotas de esta misma en sus pieles y aquel peculiar olor a metal que, en otras circunstancias, sería difícil de distinguir, pero la cantidad que en ellos llevaban era tal que no había forma de hacer que pasara desapercibido.

Y, lo que era tan curioso como alarmante, era que Lincoln se encontraba al centro de todos ellos, esposado y con un gesto que no denotaba nada más que ira y frustración. En realidad, era una expresión que Lincoln siempre llevaba en él sin importar que estuviera feliz, relajado; pero que, a juzgar por las lágrimas que se agolpaban en sus ojos, en aquel momento daba a entender que nada realmente bueno pudo haber ocurrido antes de que llegaran a donde yo me encontraba.

De inmediato me levanté del suelo, aferrándome a los barrotes y con el corazón latiendo tan rápido que me hizo alterar cada una de las acciones, cada una de las palabras que salían de mis labios.

—¿Qué fue lo que hicieron? —mascullé, con los dientes tan apretados entre ellos en un gesto de auténtico enojo que no dudaría que la quijada me doliera después de aquello.

Lincoln entró a la celda sin oponer resistencia y, una vez que todos quienes ya se encontraban dentro prestaron la atención suficiente, Bellamy se irguió y sostuvo el arma con decisión, con el atrevimiento de dispararnos también a nosotros en caso de que fuera necesario.

—Lo que se debió haber hecho hace mucho tiempo.

Y comenzaron a irse, sin importarles las expresiones de consternación que se adueñaban de todos nosotros, con Pike y su peculiar grupo genuinamente orgullosos de lo que sea que hubieran hecho. Una vez que se encontraron lo suficientemente lejos y todos retomaron sus actividades normales, Lincoln decidió hablarlo conmigo, con la tristeza en su voz tan latente que de inmediato me fue transmitida.

—Un ejército Trikru venía para proteger a Arkadia —mencionó en voz baja, como si ahora también se tratara de un crimen hablar de ello en voz alta —, se deshicieron de ellos mientras dormían.

Dejé de respirar, sabiendo que mis ojos se habían tornado tan grandes que sentía salirse de sus cuencas. Por decisión propia estrellé mi cuerpo entero contra la reja que me mantenía alejada de todo lo que ocurriera fuera, aferrándome a ella y sacudiéndola con la misma ira que mi ser ahora albergaba.

—Cobardes —murmuré, sin tener las fuerzas de decirlo más fuerte, pero la furia de mi garganta se apoderó de mí con una velocidad que no tenía contemplada y, cuando menos lo espere, grité como no recordaba haberlo hecho—. ¡Todos ustedes son unos malditos cobardes!

Sabía que no les importaba lo que una prisionera terestre tuviera para decirles; pero eso no era impedimento para decirles lo que pensaba, para decirles lo que en verdad eran.

MY BLOOD | jasper jordanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora