XL

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Me sentía tan pequeña, tan vulnerable y tan aterrada frente aquel enorme trono con corona de ramas que proyectaba una imponente sombra encontrándose por delante de la ventana más grande de toda la torre en la que se observaba todo Polis, así como varios kilómetros a la redonda.

Sentía mi sangre congelarse ante la idea de que era el lugar del que Lexa jamás se separaba y, muy en el fondo, ninguno de nosotros esperaba que lo hiciera. Sentía mis costillas estrujar mis pulmones ante la promesa que le había hecho a Lexa en esta misma habitación apenas la noche anterior. En su momento me sentí confiada e, incluso, satisfecha por todo lo que podría lograr con ella como mi guía; mas ahora sólo parecía un recuerdo lejano y, de querer volver a repetir la hazaña con la misma frase que le había dirigido, las palabras saldrían titubeantes de mi persona.

Tenía que concentrarme y tratar de sentirme lo mejor que las circunstancias me lo permitían y, sabiendo quién tenía el poder en sus manos de hacerme sentir así, decidí hablarle, buscando cualquier cosa para decirle.

—¿Cómo me veo? —le pregunté a Jasper con un hilo de voz, como si el cuestionamiento no quisiera salir de mí en primer lugar.

Estaba exhausta, hambrienta, sentía mi brazo flaquear por aquel corte que la última pelea me había dejado, había partes en mi rostro que palpitaban con tal dolor que no iría a sorprenderme que dichas secciones se encontraran hinchadas o abiertas; aún así, él sonrió ante mi duda sin dejar de concentrarse en el orden que quería que mi pesado cabello tomara y respondió con toda la honestidad que residía en su ser desde siempre.

—Como una reina.

Dejé escapar un suspiro que tendría todas las intenciones de convertirse en una auténtica carcajada si tan sólo no estuviera demasiado cansada como para dejarla salir.

Ambos nos sobresaltamos cuando escuchamos el crujir de la madera y alejó sus manos de mi cabello con calma, sintiendo la luz de la luna ayudar a las velas que descansaban en el salón para iluminar el espacio. Había un gran cuenco al centro de la sala y, con la incercia de querer acercarme para poder observar lo que se encontraba dentro, sentí mis pies pasar delante del otro sin un ritmo o una velocidad en concreto. Tragué saliva, mi garganta ardía y la presión en mi pecho se acrecentaba con cada paso que daba.

La voz de Gaia resonaba con fuerza por las paredes del lugar y lo devotos que todos los presentes estaban juntando sus palmas y bajando levemente sus cabezas para demostrar respeto no hacían nada más que provocar que pensara dos veces sobre todo lo que mi vida realmente sería a partir de ahora.

Keryon sod nou sad in —hizo una pausa, preparándose para continuar la frase con todo lo que ello conllevaba, con todo lo que ello representaba—. Teik Heda na gyon op.

Por mi cabeza cruzó la idea de... detenerme, por completo, esperar a que todo el mundo no pasara por alto mi repentino cambio de decisión y estuvieran tan cegados por su confusión que no se dieran cuenta del momento en el que me diera la media vuelta y saliera corriendo de ahí.

Mis acciones se limitaron a detenerme y, tras observar a Gaia mirándome con ojos tan expectantes que dolería darle la espalda y las miradas de todos los presentes taladrando mi nuca, sentí el cosquilleo en mi columna que me incitaba a retomar mi corta caminata hacia el centro de la sala. Gaia soltó un suspiro de alivio y, por un momento, no dudé demasiado en que fuera capaz de estar viendo mis pensamientos y que la corta presión que mis ideas intrusivas hubieran tenido cierto efecto en ella también.

Tomó mi mano con cautela, posicionando la hoja del cuchillo con fervor sobre ella y haciendo un movimiento tan certero que rebanó mi piel sin ningún esfuerzo de por medio. La línea espesa de sangre negra recorrió gran parte de mis nudillos, dirigiéndose hacia mis muñecas y cayendo en el cuenco de una manera ceremonial, tan digna de todo lo que ocurría en aquel momento. No pude evitar cerrar los ojos ante el repentino ardor que recorrió mi cuerpo hasta centrarse en mi nuca que la tensión que sentía sólo se encargó de acrecentar. Habló una vez más, con una voz tan suave cuya única finalidad era hacer que me concentrara en un momento tan vital como aquel.

MY BLOOD | jasper jordanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora