VII

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No era difícil darse cuenta de que un huracán no tardaría demasiado en hacer de las suyas en nuestro territorio cuando una fuerte tormenta comenzó a caer algunas horas después de que me despedí de Jasper y dejé atrás la conversación que había tenido con él, justo cuando estuve dentro de la torre de Polis. A pesar de que todo estuviera sumido en completa oscuridad sabía que Lexa no estaba esperándome para darme otro regaño que, seguramente, pasaría por alto y a Chantria, a quien no sabía si quería evitar o acudir de inmediato, tampoco se le veía por ningún lado.

No había ocurrido nada que pudiera lamentar hace unas horas y de verdad esperaba que, lo poco que quedaba del día, cursara del mismo modo.

Decidida a no hacer más que caer en mi cama y, con mucha suerte, poder conciliar el sueño que tanta falta me hacía y que estaba comenzando a tener consecuencias, abrí la puerta de mi habitación con tranquilidad, aunque, lo que ocurrió justo después, no era precisamente la idea de tranquilidad que tenía en mente.

—¿Cómo estuvieron las cosas allá afuera?

Chantria saltó frente a mí en un ambiente de pura oscuridad con una exclamación, provocando que me sobresaltara e, instintivamente, moviera mi brazo con fuerza y velocidad, impactando mi codo contra su abdomen. Lo era, pero no necesitaba ser una experta para saber que fue un golpe lo suficientemente bueno como para haberle arrebatado todo el aire que contenían sus pulmones.

—Mierda —musité—, en verdad lo siento, ¿estás bien?

Tardó un poco en reincorporarse pero, una vez que lo hizo, me sonrió con un dejo de dolor aún en su expresión.

—No te preocupes —dijo, tratando de recuperar con fuerza el aire que el golpe le arrebató tan de repente—; siempre y cuando hayas golpeado peor a los invasores no hay necesidad de que te disculpes conmigo.

Fruncí los labios, era evidente que aquel sería el primer tema de conversación que se le ocurriría. No sabía si decirle la verdad o llenar la historia verdadera con nada más que mentiras, fuera lo que fuese a hacer, no dudaba en que se decepcionaría de mí y de lo que no me atreví a hacer.

Sin hablar caminé con pasos tranquilos a mi cama y me dejé caer en ella. Hubiera esperado que, al darse cuenta del cansancio con el que cargaba, se limitaría a guardar silencio o, como mínimo, a cambiar de tema; pero no sería así: la conocía como a la palma de mi mano y, una vez que se aferraba a alguna idea, no la soltaba hasta que esta tuviera un cierre. Por parte era admirable, tenía que admitirlo, era aún más perseverante que la mayoría de la gente a la que conocía, incluyéndome, pero también llegaba al punto de ser irritante.

Tensé la mandíbula. No podía culparla. A pesar de todo, había sido yo la que hizo la promesa en primer lugar.

—Cuéntamelo todo —me pidió, sentándose a la orilla de su cama—, ¿cómo lo hiciste?, ¿qué arma usaste?, ¿cómo te sentiste al ver el miedo en sus ojos?

Estaba demasiado emocionada por escuchar cómo había hecho algo que, en realidad, nunca ocurrió y la culpa por quebrantar de manera tan abrupta la pasión con la que, hasta ahora, se dirigía a mí estaba comenzando a revolver mi estómago.

—Yo... —solté el aire, tenía que creer que no podía ser tan difícil decir las cosas como eran para atreverme a agregar una palabra más—, yo... no pude hacer nada.

No pasó ni un segundo para que su voz se volviera a escuchar, sólo que con un volumen mucho más bajo y monótono. Justo como había predicho que sería la decepción fue la particularidad en su expresión.

—¿Cómo?

Me tallé la frente con fuerza escuchando cómo las gotas de lluvia golpeaban los vidrios y las gruesas paredes de la torre.

MY BLOOD | jasper jordanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora