XLII

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La puerta de la habitación abrió con un estruendoso sonido al haber hecho repentino contacto contra las paredes de concreto que nos rodeaban, haciendo que abriera mis ojos de manera inesperada para toparme con la figura de Gaia radiante por la luz del sol que entraba de manera directa mientras mi corazón se aceleraba por la sorpresa que me inundaba.

Heda —llamó, visiblemente alarmada—, los embajadores están en el Salón del Trono, anhelan una conversación.

Aún con mi vista borrosa por el sueño con el que cargaba me las ingenié para levantarme de la cama, tomándome mi tiempo a pesar de que reconocía la prontitud con la que se me esperaba. Gaia no parecía tener intenciones de otorgarme un momento de privacidad para que comenzara con mi rutina diurna, por lo que traté de hacer las cosas con toda la naturalidad que me fue posible ante su constante escrutinio.

Jasper también se incorporó, sin dejar que la miradas furtivas de Gaia adquirieran poder sobre sus acciones y, una vez que estuve lista para salir y enfrentarme a lo que fuera que el día tuviera para mí, escuché su voz aún cansada a mis espaldas.

—Gran primer día en el trabajo —deseó, con una sonrisa que claramente indicaba que acababa de despertar.

Al igual que yo, se estaba tomando su tiempo para prepararse y llevar a cabo su día más allá de las paredes que la habitación proporcionaba, por lo que llevaba en mí la certeza de que llegaría a mi lado más temprano que tarde y acompañarme en todo lo que tuviéramos para vivir aquella mañana que parecía aguardar una gran cantidad de cosas inesperadas.

Le sonreí, encaminandome a la salida siguiendo el paso al liderazgo que Gaia parecía orgullosa de estar demostrando. El tradicional camino por las escaleras y la posterior vista al imponente portón del Salón del Trono aparecieron frente a mí, con mi acompañante tomando la iniciativa de abrir con su par de brazos y otorgarme una entrada que pareciera ser triunfal ante los representantes de cada clan de la Coalición.

Todos ellos se pusieron de pie ante mi presencia con una velocidad increíble, con dejos de confianza y orgullo a los que nunca me acostumbraría pero realmente agradecería cada vez que se hicieran presentes. Tomé asiento en el primer lugar disponible, dando a entender a que los demás presentes hicieran lo mismo y comenzáramos con lo propio.

No pasaron, ni siquiera, diez segundos para que Gaia expresara en voz alta la razón de la reunión.

—Titus está muerto.

Maldita sea.

Gran primer día en el trabajo.

Fue un torbellino de sentimientos los que sentí arremolinarse en mi estómago hasta hacerse paso en mi garganta y provocar que la única manera de liberarlo fuera hacer la gran pregunta.

—¿Cómo ocurrió?

La embajadora de Boudalan tomó la palabra, ansiosa por hacerle saber a todo el mundo sobre sus conocimientos en el tema a tratar.

—Ontari lo hizo —aclaró, con ciertos rastros de enojo y firmeza en su voz, sin mover su mirada de mi figura en ningún momento, estudiándome para así poder formar una opinión propia hacia mí y lo que se convertiría en mi mandato—, al parecer no estuvo del todo de acuerdo con no obtener lo que quería tras el enfrentamiento y decidió tomar acciones que fueran más allá de atacar a la Comandante.

Me dio la sensación de que había cierto porcentaje de los embajadores que ya tenían conocimiento sobre los hechos mientras que otros no pudieron evitar sacar a relucir el evidente desdén que sintieron al escuchar semejantes declaraciones con muecas, suspiros de molestia que salían de ellos con un volumen tan alto que eran imposibles de pasar por alto e, incluso, uno de ellos tomó la iniciativa de soltar un golpe con el puño cerrado sobre la mesa.

MY BLOOD | jasper jordanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora