Pasaron algunos días, algunas semanas, y todo iba como de "costumbre", para casi todos, menos para Esteban, de un día para otro se había alejado de Jamal, tampoco era como si hubieran creado una amistad para toda la vida, ni eran tan cercanos, pero había algo que no cuadraba en la mente de Esteban
— Ay tengo flojera— se quejó Edgar.
— Yo también— apoyo Sebastián.
— ¿Tu cuando no? — pregunto Manuel.
— Buena pregunta— respondió Sebastián.
— ¿Y ahora qué? — pregunto Edgar.
— No sé— contesto Sebastián.
— ¿Y si vamos por unas paletas? — pregunto Manuel.
— Que Esteban las invite— dijo Edgar riéndose.
— Por mi bien— dijo Sebastián.
— Sin objeciones— apoyo Manuel.
— Esteban— lo llamaron al ver que no atención estaba poniendo.
— ¿Eh?, ¿Qué paso? — pregunto volviendo de sus pensamientos.
— Que te toca invitar las paletas— contesto Manuel.
— ¿A mí por qué? — pregunto confundido.
— Por no hacernos caso— sentenció Edgar.
— Si— apoyo Sebastián.
— A si no se vale— se quejó de manera algo infantil.
— ¿Entonces cómo? — pregunto Edgar.
— Pues no sé— dijo mientras pensaba una manera de hacerlo "correctamente".
— Ahora que lo pienso— mencionó Sebastián— ¿y esa pulsera? — le pregunto a Manuel quien traía una pulsera de cuero, desde hace unos días.
— Me la regalaron— respondió.
— ¿Quién? — pregunto curioso.
— Alguien— dijo riendo Manuel.
— Mmmmm... ahora que lo pienso vi a Zac comparando una pulsera igual a esa— dijo Sebastián.
— ¿Cómo sabes que fue él? — pregunto sin darle rodeos, pues se notaba que su amigo sabía algo.
— Pues porque lo vi— dijo lo ya antes dicho.
— Ah si es cierto— dijo riendo nuevamente.
— Uy, Zac— dijo Edgar.
— Uy, Aaron— contrarrestó Manuel.
— Chale, así no se puede— se quejó Edgar.
En el tiempo que había transcurrido Zac y Manuel dejaron de pelear por cosas insignificantes y ahora solo competían por ser mejor que el otro en los estudios, Sebastián había llegado a un "acuerdo" con Zac para que esté pudiera "enamorar" a Manuel, Aaron y Edgar de juntaban más que nunca, ya hasta aprecian pareja, solo faltaba que ellos lo admitieran y ya no habría ni sospechas ni dudas.
— Cierto, Esteban— lo llamo Edgar y este lo volteo a ver— ¿y que tal te llevas con Jamal? — pregunto.
— Bueno... No sé— respondió después de unos segundos de pensar.
— ¿Cómo que no sabes? — pregunto Manuel.
— Es que... No se— dijo intentando buscar otro tema.
— Haber cuéntanos qué pasó, ¿por qué no sabes? — dijo Edgar acomodándose en dónde estaba sentado.
— Es que es raro, un día ocurrió un pequeño insistente y desde ese día, se podría decir que nuestra relación desapareció, no es como si hubiera sido muy cercana, no éramos los mejores amigos, pero me sentía a gusto con él a mi lado, pero ahora me siento incómodo, y cuando lo saludo o el me saluda a mí, ¿me siento un poco feliz?, pero después me pasa de largo y me siento mal, es como si estuviera sufriendo, y cada vez que veo su cara se ve serio, triste, no sé, pero me molesta, quiero verlo sonreír, pero sonreírme a mí, no otra persona— decía con algo de frustración.
ESTÁS LEYENDO
Eight beating hearts
Roman d'amourLa vida de 4 chicos se ve completamente alterada por otros 4 chicos, que vienen de intercambio desde otros países. Una historia basada completamente en la fantasía, y uno que otro suceso de la vida cotidiana de cualquier adolescente.
