—Eveael.
La joven se dió vuelta al escuchar su nombre, y al encontrarse con Nadiame, la miró con rabia, con odio, dispuesta a atacarla en ese momento.
—Espera, luego de oírme, si quieres atácame, pero primero escúchame por un momento.
—¿Qué quieres, maldita zorra? ¡Habla!
Ella sonrió y se acercó a la castaña, antes de negar con la cabeza.
—No quiero pelear contigo, en verdad no quiero hacerlo, no voy a defenderme tampoco si lo haces.
—Deja de divagar y dime para qué viniste.
—Quiero darte un regalo, bueno, es un regalo para Gianmat también, en todo sentido —sonrió—. Pero sé que a ti logrará sanarte el alma.
—¿A qué te refieres?
—Las unkialas no eran las únicas que conocían el pacto de vida, después de todo, yo se los enseñé. Y yo, quiero devolverte eso que has perdido, que te han negado conocer, y que tanto amas.
—¿Q-Qué?
—Voy a devolverte a tu bebé —sonrió—. Sólo, prométeme que serás una buena madre, que cuidarás muy bien de ella, y será una buena mujer en el futuro.
—¿E-En serio tú h-harás eso? ¿Por qué me ayudarías? ¿Por q-qué lo harías después d-de todas las cosas que te d-dije?
—Porque yo te quiero mucho, Eve —sonrió verdaderamente—. Te he conocido desde... Siempre.
Respiró profundo, para no llorar y negó con la cabeza.
—En fin, necesito que me digas dónde se llevó a cabo el primer pacto.
—En el sótano de Mikael.
—De acuerdo.
—Espera, el pacto es vida por vida ¿Cómo harás? Si alguien se entera que tú sacrificarás a otra mujer, estarás en problemas.
—Cariño, siempre me meto en problemas, no te preocupes —sonrió—. Pero guarda el secreto, esperé estos meses para que tú pudieras tener una coartada. Si alguien pregunta, te embarazaste de algún Gianmat o Takeil de por ahí.
—¿E-En serio me d-devolverás a mi hija?
—Sí.
—Gracias —le dijo con lágrimas en los ojos, abrazándola fuertemente—. No tengo paz desde que supe lo que le había ocurrido por mi culpa, gracias.
—Sólo prométeme que serás una buena madre.
—Lo juro, seré lo mejor para ella.
—Estoy segura que así será —sonrió correspondiendo a su abrazo—. Espera hasta al anochecer, sólo entonces ve hasta el sótano de Mikael.
—¿Y tú dónde estarás?
—Me iré por un tiempo, no te preocupes, no es como que vayan a extrañarme —sonrió antes de desaparecer.
***
Gracias al cielo que los días en Gianmat duraban tantas horas, de lo contrario, jamás hubiese podido cumplir lo que le había dicho a su hija.
Pero después de haber estado trabajando todo el día, finalmente lo había conseguido. Había sido tan difícil poder encontrar parte de la niña en el aquel lugar, especialmente después del tiempo que había pasado, y el poco tiempo que había estado allí.
Pero lo había conseguido, unas pocas partículas de polvo, que le devolverían la felicidad a Eveael... Bueno y Gianmat también, ya que ahora habría una niña, quizás la primera en mucho tiempo, pero esperaba que luego vinieran más.
