—¡Madre mía, Lilith! —exclamó Tom cuando la vio entrar a la oficina.
—Ya cállate, los folios empolvados eran más simpáticos que tú cuando llegaba sangrando... —habló la mujer.
El hombre caminó hasta ella con retraimiento.
—Déjame ayudarte... —dijo tratando de tomar su brazo derecho.
—Si me tocas... —lo detuvo mientras lo miraba directo—. Tendrás que comer galletas con té a través de una maldita sonda por el resto de tu vida.
El inglés dio un paso atrás ante aquella amenaza.
—Dame mi laptop... —ordenó ella a la vez que se quitaba la chaqueta.
Tom la miró confundido mientras la agente se sentaba en una silla y soltaba un quejido.
—Lilith, estás sangrando...
—Dame la maldita laptop. —volvió a decir, al mismo tiempo que se quitaba el reloj destrozado y lo lanzaba sobre el escritorio.
Sin más opción, el hombre le extendió la computadora y la mujer se acomodó en su lugar para comenzar a escarbar en el sistema.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Thomas.
Ella ni siquiera lo miró, solo se centró en comenzar a inmiscuirse en la base de datos de la CIA, realizando aquella búsqueda de conceptos que anteriormente le había sido negada.
Extrañamente, desde su computadora tuvo acceso inmediato a lo solicitado, descubriendo que los registros relacionados con los términos consultados eran mínimos, y que no tenían nexo alguno con lo que ella estaba investigando; solo eran reportes con los que había un alcance de términos, pero enlazados a otros casos.
La suposición de que su reloj había sido intervenido se confirmó de inmediato.
Aprovechando el impulso, la agente siguió hurgando en la base de datos, pero cuando intentó acceder a la documentación del caso del vicepresidente, llegó a una barrera impenetrable que le prohibió seguir avanzando.
ACCESO DENEGADO
INFORMACIÓN CLASIFICADA
—¡Mierda! —gritó cerrando la tapa de la laptop con fuerza.
—¿Qué pasó? —inquirió él frunciendo el ceño.
Ella le entregó la computadora con dureza, dejándola apoyada en su pecho por unos segundos, para mirarlo llena de rabia.
—Sigue trabajando en el caso, Hiddleston. —susurró muy cerca de su rostro—. Eso es todo lo que te debe importar a ti, rata de escritorio.
Salió de la oficina hecha una furia y caminó lo más rápido posible en busca de su jefe.
—¡Por el amor de Dios! —vociferó Joseph poniéndose de pie al verla entrar—. ¿Qué te sucedió, Lilith?
—¿Quiénes son Los Doce y qué tienen que ver con Robert? —interrogó mirándolo.
Howard, el asistente del director, observaba con gran turbación a la mujer ensangrentada, pero con una sola mirada y un gesto con la cabeza, Joseph hizo que el hombrecillo se retirara con rapidez.
—No sé de qué estás hablando... —murmuró Haspel.
—Si sabes... —dijo acercándose más a él—. Intentaron matarme...
—¿Otra vez? —dijo sonriendo de lado.
—No es un chiste, Joseph. —la mujer habló con ira—. Respóndeme, porque si tú no lo haces, tendré que buscar respuestas por otro lado y eso no te va a gustar.
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La Orden Doce
FanfictionTom Hiddleston, un economista brillante, introvertido pero encantador, es requerido por la CIA para un caso muy importante. Hiddleston es designado como compañero de Lilith Kemp, una agente antisistema y con serios problemas contra la autoridad. Al...
