—REVIL, escaneo completo y análisis de objeto. —espetó Lilith mientras ponía la llave sobre una mesa.
El reloj emitió un destello azul que recorrió toda la figura del trozo de metal, comenzando su búsqueda incógnita de inmediato.
—Es una llave de una casilla de correos. —comentó la voz femenina—. Tiene algunas alteraciones, un símbolo...
—Eso ya lo sé. —la interrumpió Lilith—. Quiero que me digas de dónde es exactamente.
El dispositivo quedó en silencio por algunos segundos.
—No hay resultados concluyentes. —espetó REVIL.
—¿Cómo que no? —inquirió la mujer.
—Lo siento, agente, pero este es un tipo de llave estándar, utilizada en la mayoría de las casillas de correos a lo largo de país. —respondió el software.
—¿No hay nada más que puedas decirme? —preguntó Lilith.
—No, agente Kemp. —contestó el reloj.
La fémina metió la llave en el sobre y lo guardó en su bolsillo con rabia. Las preguntas inundaban su mente, se sentía constipada y llena de angustia.
—Esto es tan extraño... —farfulló caminando de un lado a otro—. No entiendo, por la puta madre...
—¿Quiere que haga algo por usted? —inquirió REVIL—. Puedo reproducir música o pedirle algo de comer, luce agotada, además de muy afligida.
—Mozart y una pizza no me ayudarán a resolver el caso, REVIL. —soltó la mujer—. Vuelve al modo normal, no quiero hablar contigo ahora.
—Como usted ordene, agente. —musitó el reloj—. Solo recuerde que la estimo, y que verla así me hace sentir triste.
—Yo también te estimo, REVIL... —susurró ella con un tono culposo—. Solo ve a dormir... estaré bien, no te preocupes.
El reloj dejó de brillar en un tono azul, señalando que la inteligencia artificial había vuelto a la normalidad.
La agente se sentó en el sofá con fuerza, cubriendo su rostro con ambas manos.
"Cuando llegues a ese límite en que todo se ve revuelto, nada tiene sentido y donde pareciera que tu cerebro se va a fundir, debes tomar una bolsa de palomitas de maíz, meterla al microondas, y comértela tú sola mientras miras la película más estúpida que encuentres en la televisión... eso me ha salvado de la locura en muchas ocasiones"
La imagen de Robert hablándole era tan vívida dentro de su mente, que provocó que sus ojos se llenaran de lágrimas en cosa de segundos.
Siguiendo el consejo que él le había dado alguna vez, hizo palomitas y buscó una comedia que mirar en la televisión.
Le habían hecho una regresión que fue perturbadora, habían destrozado su precioso Camaro al intentar asesinarla, se había emborrachado hasta la médula, y un desconocido que no pudo atrapar había irrumpido en su casa, todo en menos de dos días.
Merecía un descanso más que nadie, porque a pesar de que no lo dijera ni demostrara, ella estaba cansada, tanto física como mentalmente.
No le tomó mucho tiempo caer dormida en el sofá sin siquiera notarlo.
"—¡No tenías por qué meterla a ella en esto! —gritó Robert con fuerza."
"—Esto es por La Orden Doce... —el sujeto pronunció lentamente un segundo antes de disparar."
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La Orden Doce
FanfictionTom Hiddleston, un economista brillante, introvertido pero encantador, es requerido por la CIA para un caso muy importante. Hiddleston es designado como compañero de Lilith Kemp, una agente antisistema y con serios problemas contra la autoridad. Al...
