Lilith despertó de golpe, sintiéndose desorientada a más no poder. Un dolor avasallador centrado en la parte posterior de su cabeza fue lo primero que percibió. No podía moverse y apenas lograba enfocar la mirada sobre la oscura habitación en que se encontraba.
En cosa de segundos, descubrió que estaba amarrada de manos y pies, mientras yacía sentada en una silla. De inmediato comenzó a forcejear de manera ruda contra las cuerdas, pero solo consiguió aumentar la tensión en los amarres y acrecentar su dolor.
—REVIL —susurró la mujer con desesperación—. ¿Qué sucedió? ¿En dónde está Tom?
Nadie respondió a su llamado.
Trató de tocarse la muñeca derecha con la otra mano, descubriendo que había sido desprovista de su reloj inteligente.
—¡Mierda! —vociferó.
Sus ojos comenzaron a acostumbrarse a la oscuridad, permitiéndole observar el lugar en que se hallaba.
Era una habitación con paredes enmohecidas, la cual debía ser parte de alguna construcción de al menos cien años de antigüedad, por la clase de materiales y la forma del techo. Había un ligero olor a vino agrio en el aire y el piso estaba sucio y revuelto, claramente adulterado por la huella humana. Detectó que al menos cuatro personas habían estado ahí de manera reciente, tres hombres y una mujer, por la forma de sus zapatos y la manera en que sus huellas estaban estampadas contra el piso.
Aquellos eran sus captores y no demorarían en volver hasta ella.
Concluyó que seguía en Italia y que estaba en una casa patronal de principios del siglo XX, la cual debía estar edificada en medio de una antigua viña. Seguramente la casona había estado abandonada desde hacía más de quince años, por la intensidad del olor a vinagre y vino que se percibía en el ambiente.
Sus deducciones fueron interrumpidas de sopetón cuando la pequeña puerta del cuarto se abrió, dejando colar un poco más de luz en el lugar.
Distinguió cómo varias figuras humanas se adentraban en el pequeño y destartalado espacio.
—Agente Kemp, ¿cómo está? —escuchó la voz de una mujer, hablando en un inglés marcado por un suave pero notorio acento francés.
Cuando la fémina encendió una vela que había sobre un viejo mueble, la pudo vislumbrar con algo de detalle.
Era una mujer de cabello blanco y corto, parecía bordear los setenta años, era alta y vestía de manera elegante, casi por completo de negro. Detrás de ella había dos hombres encapuchados, cada uno de los cuales cargaba con un enorme fusil.
—¿Quién mierda eres tú? —preguntó la agente frunciendo el ceño a más no poder.
La mujer sonrió.
—Me temo que las preguntas las haré yo, agente Kemp.
—¿Dónde está mi compañero? —masculló Lilith, ignorándola—. ¿Dónde lo tienen?
La sonrisa de la mujer se ensanchó ligeramente.
—Descuide, él está bien... por el momento, claro.
Lilith tiró de las cuerdas con fuerza.
—Si le pusieron una mano encima...
—Señorita Kemp —la interrumpió con absoluta calma—, usted se ha convertido en una piedra en el zapato para mi organización durante los últimos días. Ha seguido un rastro que no le pertenecía y nos ha obligado a abandonar más de una posición. Eso ha resultado... inconveniente.
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La Orden Doce
FanfictionTom Hiddleston, un economista brillante, introvertido pero encantador, es requerido por la CIA para un caso muy importante. Hiddleston es designado como compañero de Lilith Kemp, una agente antisistema y con serios problemas contra la autoridad. Al...
