Lilith estacionó el deportivo en la entrada de la cochera y miró hacia su hogar con una pequeña sonrisa cansada.
Hacía mucho tiempo desde la última vez que había estado en casa, y extrañaba a su familia con una intensidad que nunca había experimentado.
Ella quiso volver con los suyos al apenas terminar los incidentes en la casa de campo, pero, por desgracia, sus planes se vieron truncados una vez más, ya que la tuvieron que internar de urgencia en el hospital de la CIA debido a complicaciones con sus heridas.
Tal y como le dijo Joseph, los disparos de Tom no dañaron ningún órgano vital, pero el hecho de que ella escapara del hospital británico poco después de salir de cirugía, junto a toda la agitación que aquello conllevó, terminó agravando sus heridas hasta un punto crítico. De haberse cuidado como debía después de las intervenciones quirúrgicas, habría estado en casa en un par de semanas, pero a causa de su poca o nula preocupación por su estado, tuvo que pasar un mes encerrada en una habitación dentro del centro médico de la agencia.
Durante ese tiempo, la mujer participó lo más que pudo en la indagación del caso, desencriptando documentos y proveyendo información para facilitar las detenciones masivas. Todo aquel proceso lo vivió bajo la vigilancia de Haspel en todo momento, puesto que este quería asegurarse de que la mujer no hiciera nada que rompiera con el trato; su libertad a cambio de mantener todo en secreto.
Al darse cuenta de la gran magnitud del lío, y de todas las personas peligrosas que estaban involucradas, la pelinegra tomó la decisión de no tener contacto directo con su familia hasta que fuera seguro. En el intertanto, la vivienda estuvo resguardada día y noche por una docena de agentes enviados por Joseph. Además, Lilith le encomendó al director la tarea de informarle a Johana que ella estaba bien y que volvería a casa en algunas semanas, omitiendo por completo el tema de su estado de salud.
Al salir de su pequeño momento de trance, Lilith descendió del vehículo, y con gran emoción comenzó a caminar hasta la puerta de la morada, pero antes de alcanzar a dar tres pasos se detuvo de golpe.
Se giró y extrañada miró el buzón que había frente a la casa. Encaminó sus pasos hasta el contenedor para observarlo con cuidado.
La pequeña estructura tenía la aleta roja hacia el cielo, señal de que había correspondencia, pero aquello no fue lo que más llamó su atención, sino que fue la presencia de una gardenia de color rojo, fresca y radiante, yaciendo sobre la caja metálica.
Tomó la flor con cuidado, estudiándola en silencio, pero al no poder recabar mayor información, determinó abrir la puertecilla del buzón en busca de alguna pista del remitente.
Un sobre de tamaño mediano era todo lo que había allí dentro, y al tomarlo descubrió su nombre en la superficie, escrito en preciosa y delicada caligrafía.
"Lilith"
Abrió el sobre con premura, encontrando dentro una carta que no demoró en comenzar a leer.
"Querida Lilith:
Si estás leyendo esta carta, significa que todo ha salido bien... sé que la pregunta "¿A qué mierda se refiere este maldito traidor con eso?" viene a tu mente, así que lo resumiré en tres frases.
La Orden Doce está casi extinta.
Yo estoy muerto.
Tú eres libre.
Para que entiendas mejor qué es lo que quiero decir, debo contarte un poco más a cerca de mi historia, como también corregir algunos hechos que distorsioné con el propósito de concluir mi última misión de manera magistral.
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La Orden Doce
Hayran KurguTom Hiddleston, un economista brillante, introvertido pero encantador, es requerido por la CIA para un caso muy importante. Hiddleston es designado como compañero de Lilith Kemp, una agente antisistema y con serios problemas contra la autoridad. Al...
