Veintidós

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Al llegar a los cuarteles de la CIA, Lilith y Tom fueron encerrados en unas celdas que la mujer conocía muy bien, puesto a que ella misma había recluido a incontables personas en aquellos calabozos. Cabe resaltar que la agente había golpeado a la mayoría de aquellos prisioneros, aunque claro, todo esto con "propósitos investigativos", según ella misma podría haber argumentado.

La moderna prisión, emplazada en uno de los tantos pisos subterráneos de la agencia, contaba con numerosas celdas, cada una de las cuales estaba conformada por gruesas paredes de vidrio reforzado, que tenían la función de aislar por completo el ruido, tanto interno como externo. Estos poderosos muros de cristal permitían que los prisioneros pudieran verse entre sí, y que los guardias no perdieran de vista a aquellos que podrían resultar demasiado peligrosos e inteligentes.

Los cubículos de vidrio eran de esa forma puesto a que, según los mismos agentes y cabecillas de la agencia, lo que primero se le debe arrebatar a un prisionero de la CIA es su privacidad.

La privacidad del objetivo era lo primero que debía caer en manos de los agentes, ya que, además de ser sustancial para cualquier investigación, la sensación que el recluso experimentaba al saber que la CIA sabía absolutamente todo de él, era una herramienta de intimidación y manipulación en extremo efectiva.

Tom y Lilith estaban en celdas vecinas. El inglés la miraba de vez en cuando desde su lugar, mientras ella mantenía la mirada baja, sentada en una incómoda silla que allí había.

La mujer podría haber enumerado en una larga lista todos los malestares que la acongojaban en ese instante, pero su mente, entrenada bajo el rigor y la presión, trabajaba a toda velocidad, estudiando las opciones disponibles, generando una estrategia de acción y también previendo lo que pasaría.

Su reloj interno tintineó, avisándole que el primer suceso de su trazado mental estaba por ocurrir, por lo que levantó la mirada para apreciar su correcta deducción.

Su jefe entró de pronto en su campo de visión, caminando a paso ancho hasta su celda, trayendo consigo un semblante molesto.

Uno de los tantos guardias que había en la prisión abrió la puerta de su jaula de cristal, la cual se deslizó hacia un lado de forma mecánica, permitiendo que Haspel se adentrara a su cubículo.

La puerta se cerró de manera rápida un segundo después de que el hombre entrara.

"Intenta explicar la situación, te va a hacer callar, pero debes tantear el terreno", su mente le daba las órdenes para avanzar en la estrategia planeada.

—Joseph...

—No... —la detuvo el hombre—. Déjame hablar a mí...

Lilith se puso de pie con lentitud, para mirarlo frente a frente mientras sus brazos exhaustos colgaban a los lados de su cuerpo.

Ni siquiera tenía fuerzas como para hacer aquel gesto que tanto la caracterizaba; cruzarse de brazos, cuestión que hacía a menudo y sobre todo en aquel tipo de situaciones.

—Hiciste muchas estupideces Lilith... demasiadas... —comenzó a decir el director—. Fuiste demasiado lejos y no creo poder salvarte esta vez...

—Joseph, debes escucharme, yo...

—Déjame hablar. —la interrumpió—. La junta solo quiere destruirte, están empecinados en meterte a prisión para que cumplas con la condena de la que te salvé cuando tenías dieciséis... además de otros tantos cargos que quieren adjudicarte...

"Guarda la calma, alzando la voz solo pierdes puntos"

Pensó por una milésima de segundo más.

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